Paula, –nombre ficticio para una historia real-, nació en Bolivia y lleva en España dos años. Pasó por el Centro de Internamiento de Aluche (Madrid) en los meses de Diciembre-Enero pasado. Sólo quien ha vivido una experiencia así sabe lo que ha pasado y lo que ha visto a su alrededor, día y noche, un día tras otro, sin apenas conciliar el sueño, pendiente de una orden de expulsión, que la mandaba de vuelta a su país a la fuerza, en contra de su propia libertad.
Al llegar al CIE sólo me dejaron coger dos números de teléfono de mi móvil, me dieron una colchoneta y una manta para dormir en el suelo (...) pude presenciar la desatención que allí existía con distintas compañeras en situaciones bastantes delicadas... las jóvenes eran sacadas al pasillo y el SAMUR siempre las atendía allí, nunca tenía acceso al interior.
... Después de llevar ya en el CIE, treinta y cuatro días me llegó la orden de expulsión. Era viernes por la tarde, la tuve que firmar sin que me dejaran tiempo para leerla.
El sábado a la hora de la comida me llamaron para llevarme al aeropuerto (...) Nos negamos a subir al avión. Trataron de embarcarnos a los cuatro a empujones y al final no lo consiguieron...
Perdí todo lo que llevaba en la bolsa, que marchó en el avión. Justo a los treinta y ocho días... Ya sin esperarlo uno de los agentes me condujo hacia la puerta de salida ... Desde una cabina llamé a un amigo y él me llevó hasta la Casa de Acogida de HH. Trinitarias ...
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