Hace algunos años en algún lugar del mundo existía un pequeño y frágil arbolito en el bosque; en él vivían más árboles, pero a este le llamaban Muñeco. Por las condiciones del bosque en el cual había crecido, su destino parecía estar muy limitado y no podía tener muchas aspiraciones, puesto que los árboles que aquí crecían eran talados para fabricar papel. Aún así, Muñeco siempre creyó y soñó que algún día sería un gran Roble y que tendría ramas abundantes y frondosas, las cuales darían mucha sombra. En las noches de invierno él se cobijaba con los grandes sueños que tenía, y sabía y confiaba en Dios que algún día se harían realidad,
Cuando llegaban los taladores a llevarse a los pequeños árboles, veía como cortaban los sueños de algunos de ellos, pero ninguno había soñado con tanta fuerza como él. Alguna vez, por error, un talador estuvo a punto de cortarlo y dar fin a la historia de este pequeño arbolito, pero afortunadamente él siempre contó con el favor de Dios, y el error era reparado y Muñeco siguió plantado en ese bosque. Con el tiempo estas tierras fueron destinadas a otros proyectos y ya no talarían más este bosque.
Y este arbolito se iba haciendo más fuerte, y sus raíces se hacían profundas. Supo soportar tormentas, vientos, y cambios de temperaturas extremas, y sus sueños siempre lo acompañaban.
Hasta que un día por, razones que solo Dios sabe, un cristalino riachuelo fue desviado, y su cause ahora llegaba exactamente a la orilla de Muñeco. Después de conocerse y hacerse amigos, acordaron ayudarse y protegerse mutuamente, y así los sueños del riachuelo también se cumplían, puesto que siempre deseó estar cerca de un árbol que le protegiera y cuidara su cauce.
Una mañana Muñeco se sorprendió del reflejo que vio en el riachuelo: era un árbol fuerte, frondoso y grande, tan grande que casi tocada el cielo. Tenía cinco fuertes ramas, todas frondosas y fuertes, bien cuidadas y alimentadas por el agua del riachuelo que acariciaban permanentemente las raíces de Muñeco.
Y así los sueños de Muñeco se hicieron realidad. Sus ramas a su vez seguían creciendo y haciéndose fuertes también. Aunque tomaban diferentes direcciones, algunas ramas seguían el camino del cristalino riachuelo, otras apuntaban al sol, otras se alargaban a lo ancho, que parecía que buscaban despegarse del tronco. Pero, a pesar de las diferentes direcciones, estas ramas estaban unidas al mismo tronco y al agua del riachuelo. Poco a poco se fue llenando de nidos, y este árbol era ejemplo para mucho otros árboles del bosque.
Moraleja: ”Nunca dudes de tus capacidades lucha siempre a pesar de las adversidades.”