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ENCUENTRO

 

Al despegar el avión, en el corazón de aquel niño, no había sitio suficiente para todos los sentimientos e interrogantes que se agolpaban en su interior. Acababa de cumplir los trece años y ya se había convertido en todo un hombrecito. Su abuela viajaba con él, pero en ese instante no había palabra alguna que pronunciar ante la inmensidad del cielo que se observaba por la ventanilla y la belleza del paisaje contemplado a cientos de Kilómetros de altura

Ya todo lo que había sido su vida hasta ese momento quedaba atrás por el más maravilloso de los motivos: encontrarse con su madre a quien llevaba sin ver desde hacía cinco años, que salió de Perú. Pero el miedo a la decepción era tan grande, que no podía amortiguar el dolor que suponía dejar lo que hasta entonces había sido todo su mundo:

Su balón medio desinflado, las zapatillas gastadas de golpearlo y los partidos de futbol con sus amigos, cuando no había que ayudar a la familia en el campo, o en casa, o cuando no había que estudiar en el colegio, porque fuera de él ya apenas se estudiaba.

Iban pasando las horas y de vez en cuando se escapaban algunas palabras que demostraban que su presente cotidiano ya se había convertido en un pasado a cientos, ya casi miles de kilómetros de distancia ante la expectación de un nuevo presente por llegar.

Su madre cuando llegó a España había luchado y peleado contra viento y marea para conseguirlo todo, trabajando y viviendo en casas de otros. Y ahora que tenía unos ahorros en su cartera y ya estaba legal porque tenía papeles, vio que era el momento de que la abuela y el niño se vinieran con ella. El resto de su familia: hermanos, cuñados y sobrinos quedaban en su tierra, pero a partir de ahora ya no estaría nunca más sola, porque a los que más quería iban a estar con ella.

Iba a poder servir su propia mesa y limpiar su casa, aunque fuera alquilada y una habitación se la realquilara a una pareja conocida .

Pero un montón de interrogantes y temores no cesaban de golpear su cabeza: mi chico ¿cómo estará de alto?, ¿qué me dirá?... Y mi madre ¿cómo llegará?...

Mientras tanto, arriba en lo más alto algo parecido sucedía a la abuela y a su nieto. El joven la preguntaba impaciente: ¿qué pasará a partir de ahora? Y ella le respondía: viviremos los tres juntos y ya nada nos separará. Lo cual no le tranquilizaba porque, en lo más oculto de sí mismo, se seguía preguntando: mi madre ¿me seguirá queriendo después de tanto tiempo?

El avión comienza a descender todo se tambalea dentro del mismo y cómo no también en el interior de sus ocupantes.

Los minutos se hacen horas, pero al fin les ve aproximarse a la salida y en enseguida se fusionan los tres en un gran abrazo convertido en un sueño común cumplido.

La joven madre le dice: “hijo mío te quiero mucho, más que a mi vida pero no tuve más remedio que venirme a España a trabajar. Y ahora aquí no nos faltará de nada y haré todo lo posible con el fin de que puedas crecer y prepararte para alcanzar tus propias metas cuando seas mayor.

Y así el corazón parece quedar liberado de la dolor ocasionado por la ausencia del amor más fuerte, “el de una madre”, y como no, también "el de una hija". Desaparecen las nubes que dibujaban en su vida un cielo gris que les impedía a ambos disfrutar de cuanto hacían.

Han recuperado su libertad para sentir, aunque en muchos momento pueda aparecer la nostalgia de la tierra y las gentes abandonadas. Nada será igual para la madre, la abuela y el chico, porque en este encuentro ha prendido una chispa de esperanza en una nueva vida no exenta de dificultades, pero con un prometedor futuro por delante.

Este encuentro que durante cinco años fue tan añorado, es profecía de una nueva vida alejada del sufrimiento producido por la distancia de los seres más queridos y de los fantasmas que amenazan esta ausencia con inquietudes e inconfesados rencores que aprisionan y atan porque ponen en cuestión el amor y dan lugar a las barreras que solo un “te quiero” como el que ha entrado en el corazón del muchacho y de la abuela puede romper.