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50 AÑOS DE VIDA RELIGIOSA

Nuestra hermana Lucia, de la comunidad de Altamirano (Madrid), en la celebración de sus 50 años de profesión perpetua, ha querido contarnos su experiencia de vida religiosa.

¿Cómo surgió tu vocación?

Dios, que es bueno, se valió de algunas mediaciones en mi vida hasta llegar aquí. Yo era una joven alegre, normalita, vivía en Villalón de Campos (Valladolid) ajena a todo lo que tenía que ver con ser monja; me gustaba mucho salir con mis amigos y divertirme. En aquella época hacíamos bailes de salón, pero poco a poco, a mis 23 años, algo empezó a cambiar en mi vida, y todo aquello que yo había dado tanto valor empezó a dejarme un vacío interior que yo no sabía lo que me sucedía.

Un día sin mi madre me mando a un recado donde una vecina, una señora muy piadosa; sin saber por qué le fuí diciendo todo lo que sentía. Ella sin dudarlo me dijo :”Tu lo que tienes es vocación religiosa”, y me aconsejó que se lo dijera al Párroco del pueblo. Así lo hice, y el me puso en contacto con las Hermanas Trinitarias que el conocía. Sin dudarlo pedí la admisión y me recibieron en Madrid en la Casa Madre, donde inicié mi Postulantado, continué mi Noviciado, me consagré a Dios en mi Profesión Religiosa y realicé también mis votos perpetuos.

¿En que comunidades has estado?

En Madrid: en Marqués de Urquijo en mis primeras etapas (estuve 17 años), después en León, Zaragoza, y de nuevo me destinaron a Madrid a la comunidad de Altamirano, donde he tenido el gozo de celebrar mis bodas de oro de profesión perpetua el día 24 de Enero, y de dar gracias a Dios por todo lo que ha acontecido en mi vida durante todo este tiempo en la casa del Señor.

¿Que es lo que me más te ha ayudado a ser fiel a tu vocación?

Creo que lo más importante para mí ha sido la ORACIÓN, el encuentro diario con el Señor. Desde que inicié la vida religiosa tuve muy buenas consejeras, que me hicieron comprender que era algo que no podía dejar nunca, y que estaba por encima de mis obligaciones y trabajos. Los buenos ejemplos de las Hermanas mayores, su vida de entrega, su esfuerzo y sacrificio, marcaron mi vida y mi corazón. Durante los años que estuve al cuidado de las Hermanas enfermas y mayores, pude descubrir también “que cómo se vive, se envejece”. Esto me hizo pensar que hay que ir viviendo desde la sencillez y la humildad, y darse uno a sí mismo sin esperar nada a cambio, y entonces envejeces agradecida a todo lo que te hacen, satisfecha de haberte dado totalmente.

¿Cómo te sientes después de 50 años de Vida Religiosa?

Feliz. Creo que si tuviera que empezar de nuevo, haría las mismas cosas; pero eso sí, con más entrega y generosidad, sin reservarme nada para mí, y con la paz y la alegría que proporciona el vivir desde Dios y para Dios aquello que acontece en tu vida.

¿Crees que tiene sentido hoy nuestro Instituto, en el mundo actual?

Creo que "aunque solo fuera por salvar un alma merece la pena”. En nuestras manos está hacer lo que podamos, no más. A veces nos creemos que tenemos que resolver todos los problemas del mundo y vivimos insatisfechas. Lo más importante es cómo vivas tu consagración a Dios y eso es lo que permanece siempre. Sembrar es nuestra tarea con nuestras jóvenes, y quien sabe... si otros verán sus frutos.

¿Qué le dirías a alguien que quiere ser Trinitaria hoy?

Primero que cuide y cultive su vocación, que viva muy conscientemente su llamada, y que haga lo que haga, ya sea el trabajo con las jóvenes, su relación con sus hermanas de comunidad, el trabajo en un ordenador “que haga la rueda entera” que ore y trabaje a tiempo perdido. Trabajar por el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se le dará por añadidura.

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Sor Társila

Mi recuerdo hoy es para ella: sor Társila. En uno de estos días celebrábamos su santo que hacía memoria de una mártir romana. Desde finales de mayo vive en la plenitud de la eternidad de Dios. Y desde allí sigue acompañándonos en todos nuestros afanes.

Tenía 95 años y seguía haciendo su ganchillo hasta un mes antes de marcharse. Vigo fue su ciudad adoptiva pues allí vivió la mitad de su vida entregada a las jóvenes, siendo para ellas la madre que no tuvieron.

Eran muchos los que la conocían y para unos y para otros tenía una palabra que era palabra del que es la Palabra, Jesús, quien fue siempre su Amado.

Sus ganas de vivir seguían siendo las de un joven de 20 años feliz que está empezando a descubrir la vida.

Ya no podía salir a la calle... Pero las que un día fueron adolescentes y jóvenes que estuvieron con ella seguían visitándola. Llegaron un día a nuestra casa ante la falta de alguien que pudiera ocuparse de ellas. Y ahora ya tenían alrededor de cincuenta o de cuarenta o de treinta años e incluso también entorno a los  veinticinco. Con las primeras estuvo acompañándolas en los tiempos en los que se trabajaba en  los talleres y con las últimas en la búsqueda de un trabajo digno y  las más jóvenes, pudieron conocerla  entablando alguna que otra conversación desde la recepción al entrar o salir de casa.

Ya no podían seguir una conversación con ella porque había perdido el oído. Pero en el lenguaje del cariño con pequeños detalles que les preparaba se entendía perfectamente con ellas

La suerte no fue la misma para todas. Pero quien pudo encontrarse con el amor y fue capaz de responder a él, salió adelante. El amor fue la fuerza de la vida y ella fue testigo de ello.  

Pero llegó el día de la despedida igualmente sentida por todas. El corazón lloraba y las lágrimas furtivas escapaban por la mejilla. Para mí, una lágrima, una profecía...

Profecía y Liberación, vidas felices encontradas por el AMOR y para el AMOR.

 

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