Sueños en la Red
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Almudena Santos

 

LA CIUDAD DONDE VIVO...

La ciudad en donde vivo es pequeña, y en mi sueño yo me veía caminando por sus calles.  Allí nos conocemos casi todos, al menos de vista, y todo me resultaba familiar. Sin embargo, sentía que algo extraño me estaba sucediendo: no era capaz de llegar a ver con claridad los rostros de la gente con la que me cruzaba. Tampoco recordaba a donde me dirigía, iba andando sin prisa, como quien no va  a ningún sitio.

De forma inesperada, pude conocer a alguien parado delante del  escaparate de una zapatería. No me lo podía creer, era una amiga con la que estuve compartiendo piso, junto con otras dos compañeras, durante algunos años. Entonces estudiaba en la Universidad. Con ella conocí la amistad verdadera, fueron muchos e importantes momentos los que vivimos juntas. Ella me conocía muy bien y yo también, nuestro recuerdo quedaría grabado en el corazón, aunque luego cada una siguió su destino.  Fue la única persona que conocí y porque la seguía recordando y queriendo, pude identificarla entre tanta gente que suele pasear por esa zona y a esa hora. Pero me acerqué a ella y no me conocía; me miraba pero era una extraña. Me desperté sobresaltada.

A lo largo de mi vida puedo conocer muchas cosas de una persona, y seguir siendo una desconocida para mí. Puedo no ser capaz de identificar su rostro; no ver sus ojos, que equivale a no comprender su mirada; no perfilar sus labios, que supone no haber escuchado verdaderamente lo que me quiere manifestar. Aún pudiendo ser mi vecina, o a lo mejor mi hermana, o incluso mi madre. Pero sólo me doy cuenta cuando alguien que significa mucho para mi, me ignora.

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Amar implica conocer la verdad profunda que cada persona guarda en su interior: ¡Abre los ojos del corazón para que puedas ver cómo amas!

Que seas capaz siempre de descubrir en cada rostro  a una persona concreta con su nombre y apellidos, y que nada de lo que le suceda te deje indiferente.

Que puedas entender su mirada y escuchar sus palabras; que puedas ver cuándo espera una mano amiga que le haga sentir que no está sola en su camino.

 

 

 

Suena el despertador

Suena el despertador. Es hora de levantarse. ¡Qué sueño! ¡Quién pudiera quedarse más tiempo en la cama! ¡Imposible! Comienza un nuevo día ... El Instituto, la Universidad o el trabajo ya te están esperando. Pasan los minutos, pasan las horas, el descanso a media mañana, luego la  comida y así hasta la hora de regresar a casa...  Coche, atasco por todas las calles. Autobús llenísimo de gente.  El metro igual...

Entro en casa y me dirijo a la cocina para prepararme una taza de café bien caliente. Me siento en el salón para tomármela tranquila pensando en lo que he hecho hoy... Y me doy cuenta de que se me ha pasado pararme con  Lucía, mi compañera de al lado, para preguntarla por su padre  enfermo. Y que ayer tampoco tuve tiempo de hablar con Juan, que había estado el fin de semana en la nieve con sus amigos.

¡Cómo me gustaría poder vibrar con los que nos rodean, poder sentir que mi corazón vuela al tiempo que mis manos  y mi mente trabajan! Vivimos con un espíritu que muchas veces se ve obligado a callar, porque no puede interrumpirnos en nuestro quehacer diario.

¡Bien por la eficacia! La necesitamos. Pero ¿quién puede dar a nuestro espíritu lo que también necesita? ¡Necesitamos soñar, y sentir que podemos volar en libertad, y alcanzar lo que queremos, descubriendo en nosotros mismos nuevas emociones y sentimientos!.

Soñar, soñamos pero seguimos dormidos, y entonces no avanzamos hacia nuestros sueños... Te voy a contar mi sueño: me veía buscando, no sé exactamente el qué, en uno de los cajones donde guardaba muchas cartas de amigos del pasado. Y encontré una con un remite un tanto original: Tu “Abba”. Destinatario: “Jóvenes que nunca quieran dejar de serlo”.  No sabía como podía estar ahí esa carta, empecé a leerla.

Cuando me desperté sólo pude recordar: la PAZ que me invadía. Nada preveía que pudiera cambiar con respecto al día anterior: trabajo y más trabajo, pero ya algo era distinto para mí.

Eran los días ya cercanos a la Navidad, un tiempo tan entrañable; la queremos entender con la cabeza cuando solamente la podemos acoger con el corazón ... Siempre es Navidad. Mi pobre fe se desbordaba ante lo que leía. De verdad fue algo maravilloso... Es el sueño que mejor me ha despertado. Entonces comprendí que cuando Dios habla, la tierra se estremece.