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No podemos vivir sin soñar. Los sueños son el alimento de nuestro caminar hacia la VIDA. Desde dentro nos empujan a vivir, y desde fuera nos atraen para avanzar en el camino.

¿Se cumplen los sueños? Yo no lo se, pero al menos me ponen en camino, me hacen creer en lo que deseo y espero, y, mientras tanto, avanzo hacia la meta. Quizás no llegue del todo y siempre, pero se que estoy más cerca, pues me atreví a soñar.

Dormida o despierta, cuando todo está en silencio, o cuando soy capaz de acallar los ruidos: Todo parece dormido. Empieza entonces la aventura que me lanza a lo que en secreto deseo... Como el agua de un manantial, sin esfuerzo, sin prisa, pero calando sin cesar hasta empar de VIDA la pasión, el deseo, las ganas de que todo sea, por fin NUEVO...

En los sueños está nuestra esperanza, nuestra fuerza y aliento, nuestra armonía y nuestra paz, y el arranque que necesitamos para luchar por lo que queremos.

Te presento mis sueños, en los que creo, con los que espero, y por los que avanzo hacia metas más altas. Te confieso que ellos me animan, pues cuando siento dentro de mi el anhelo de hacerlos realidad, me decido a dar un paso más. Y te invito:

Descubre tus propios sueños.

Atrévete a soñar.



 

       Puedo decir que me siento afortunada, porque de nuevo, en el silencio de la noche, he vuelto a tener un maravilloso sueño: Había mucha gente junta, todos parecían amigos, y muy felices. Era una gran fiesta. Yo estaba en el montón, era una más, pero de repente sentí una gran emoción: Era el momento de brindar.¿Por qué brindábamos?

Brindábamos por la vida, que en cada nuevo día se nos regala. Sí, por la vida, porque la sentíamos como un inmenso océano, lleno de belleza y grandiosidad. Pero no le temíamos, porque incluso en los peores momentos de tormenta y dificultad, sabíamos que contábamos con la fuerza más poderosa, la de nuestra unión, y la esperanza viva de alcanzar el horizonte.

Yo me quedé quieta mirando a los ojos de cada uno de los que allí estábamos: amigos, conocidos de todo la vida, y algunos que nunca me había fijado en ellos. Entonces sentí muy dentro: Dios ¡Es Dios!

Hay un Padre que nos acompaña, y un Hijo suyo cuya vida está latiendo en nuestro interior. No hay barreras entre nosotros que no se derritan cuando hablamos. Sentía que su Amor era el timón que nos guiaba. Y  sentía, con una alegría que no se explicar, a la divinidad presente en la comunión de nuestras vidas.

      Abrí los ojos y me di cuenta que en realidad me encuentro inmersa en una aventura apasionante. ¿A caso no es así realmente mi vida? Al menos en este día voy a vivir como si así fuera. Porque este es mi deseo y yo lo creo posible. Sólo me atrevo a vivir lo que creo. Por eso se que es verdad.

      Prueba tú también; algunos sueños no están tan lejos de la realidad. ¿Te atreves?  Merece la pena ¡Brindemos por ello!.

 

 

   
 SUEÑO DE ETERNIDAD
   
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