Este es el sueño de la paz, que todos hemos de ir construyendo en el corazón para que crezca a nuestro alrededor.

 

¡El Sueño de la Paz!

 

50 AÑOS DE VR

SENTADOS A LA MESA

SUEÑOS EN LA RED

UN HOGAR PARA TODOS

¡BRINDEMOS!

¡SÉ FELIZ!

MIS VIVENCIAS


El Sueño de la Paz

Era fin de semana. Después de comer, me senté a ver las noticias de la tele; ya podéis imaginar su contenido... Cuando acabó el informativo, cerré los ojos y apareció ante mí una historia que os quiero contar.

El protagonista de mi relato es un joven e importante político, muy influyente; en su corta carrera dipolomática ya le confiaban serios asuntos de Estado. Vive entregado a su trabajo, pero también a su familia, a la que ama de corazón, y a la que procura que nunca le falte de nada. Viaja desde su pais, potente y muy influyente, a un país de África, situado en medio del desierto. Había llegado a la capital por asuntos económicos, enviado de su presidente, pero al finalizar una reunión decide visitar algunos barrios de la ciudad. 

Acompañado por un periodista y un guardaespaldas, pasea por aquellas calles de tierra, donde sus habitantes malviven en chabolas de tela o barro. Se encuentra con una mujer alimentando a su hijo de corta edad, sin apenas tener nada en el plato que darle, su mirada se cruza con la de ella. Muy cerca, un grupo de niños jugando con un balón hecho de papel, también desnutridos. Contempla con detenimiento sucesivas imágenes que le van dejando profundamente impactado. Una niña de corta edad se le acerca, le tira de la chaqueta y le dice algo que no entiende. Su mirada se le queda clavada y por unos instantes siente una conmocción que le descoloca y le sacude por dentro. Una brecha se abre en su corazón, que le ensancha y refresca, al mismo tiempo que le hiere.

Sabía que en ese lugar, sus gentes se habían estado matando en una guerra civil en la que habían muerto numerosos miembros de la población. En su pensamiento se mezclaba el recuerdo de su  esposa y sus hijos con los rostros de las mujeres y niños que va contemplando. Y piensa en todos aquellos hombres que han muerto dejando familias completamente destrozadas.

Al regreso a su país, en la entrevista con el presidente, le habla de los asuntos tratados y le cuenta su experiencia. Trata de comunicar todo lo que ha visto y la impresión tan fuerte que le ha causado.  Quiere convencerlo con sus propios argumentos de que hay que hacer algo para aliviar a toda esa gente que sólo puede sobrevivir con lo que “otros” les dan. Y se atreve a proponer: “...Y si todos los países del mundo, el inmenso capital invertido en armamento y peligrosas armas químicas lo destinásemos a alimentos, educación, sanidad...  Los expertos nos pueden ayudar en la realización de los proyectos, para que el desarrollo alcance a todos, y a través de pactos y acuerdos mundiales, podemos conseguir lo que el mundo necesita para vivir mejor, libres de la amenaza de la guerra.

Esta es la historia que yo soñé en una tranquila tarde de sábado, pero vuelvo a la realidad y me pregunto cuánto tiempo necesitan las superpotencias y todos los demás países, para convencerse por ellos mismos, de la propuesta de mi imaginario amigo político.

Este es el sueño de la paz, que mientras tanto, poco a poco, todos hemos de ir construyendo en el corazón para que crezca a nuestro alrededor, con la esperanza firme de que algún día triunfará en toda la humanidad.

PÁGINA DE INICIO