Sueños en la red

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Almudena Santos

 

 

Sueño de eternidad

 

Anoche soñé que te volvía a ver. Cuando me despedí de tí la última vez, nunca me imaginé que ya no te volvería a ver: ¿Dónde estás? ¿Cómo estás?

Quiero descifrar mi sueño, pero no lo consigo. No logro ver tu imagen, ni el lugar dónde nos encontrábamos, ni con quién estábamos. Debía estar muy dormida, pero sigue en mí presente la sensación que el sueño me dejó; sí, como una brisa fresca en la tarde de un caluroso día de verano.

Y ahora ya despierta y bien despierta, vuelvo a soñar, porque a pesar de la distancia y de que no tengo tu dirección, sé que mis palabras pueden llegar hasta las lejanas tierras dónde tú te encuentras. Eres realmente afortunada por habitar tan hermosos parajes, mientras aquí todos te echamos de menos.

Hace algunas semanas fui al teatro. La función terminó, las luces del escenario se apagaron y el telón se cerró. Pero, como en otras ocasiones, el final de la obra encendió una luz en mi. ¡Quizá sea esta la maravilla del espectáculo!

 

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Con tu partida me ha sucedido lo mismo. Con tu recuerdo, una luz ha quedado brillando en mi interior, iluminando un sin fin de deseos que quisiera cumplir

Al pararme en mi vivir diario me pregunto si no estamos rozando lo infinito cuando deseamos intensamente algo y no sabemos cuándo se hará realidad. A lo mejor tu me lo puedes decir, porque cuando atardece y el sol se pone, llega la oscuridad que todo lo cubre y los deseos o anhelos se desvanecen.

En cambio, yo sé que en tus nuevas tierras, las sombras no tienen ningún poder en la noche. Conociste el amor y el valor de una lágrima que rompe todo tipo de cadenas y así te hiciste libre para viajar y libre para volar hasta la eternidad.

¿Qué más puedo decirte? Tan solo, una palabra más:

GRACIAS, GRACIAS, POR TU AMISTAD.

Profecía de un niño jugando

Profecía de la fidelidad

Nuevos profetas

Sentados a la mesa

Pan y Paz

 

Vida

¡Atrévete!

El Sueño de la Paz

Brindemos

Un hogar para todos

la ciudad donde vivo

 

 

 

 

 

Dedicado a mi amiga Sofía, que ha fallecido cuando gozaba de plenitud, humna y espiritual, rodeada de sus seres más queridos. Su testimonio de vida, afrontando la enfermedad y la muerte con plena conciencia, con entereza y sabiduría, amándo y abandonándose, suponen para la humanidad todo un signo. Quien vive verdaderamente jamás muere, porque el tránsito que experiementan es semilla de amor. Al menos así lo vivimos quienes hemos conocido, junto a ellos, el AMOR.