SUEÑOS EN LA RED

 

Almudena Santos
   

 

¡Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la llevan a la Vida!

 

 

Creo en el poder de la palabra que puede ser mágica o milagrosa cuando brota de un cálido corazón...

 

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La Palabra

Anoche en mi sueño me vi inmersa en un mundo en el que habían desaparecido las palabras:

Caminaba por las calles de la ciudad , tan solo se oía el ruido del asfalto: los coches, las obras... Subí al metro, repleto de gente pero sin conversación alguna entre los que allí se encontraban. Cada persona estaba como ensimismada en su propio mundo, como si fueran islas independientes, separadas unas de otras.

Mi sueño se convirtió en una pesadilla cuando, paseando por la ciudad, las personas parecían sombras con miradas sospechosas sin ningún gesto de expresividad en sus rostros.

Me desperté sobresaltada, ¿qué estaba pasando? ¿por qué la gente no se hablaba? Mi sueño no me dejó indiferente y mientras me volvía a quedar dormida empecé a proyectar sobre mi mente una imagen bien distinta:

Una pareja de ancianos paseando y charlando amigablemente. En ellos podía ver la complicidad de un amor que todavía no había agotado las palabras después de tantos años juntos haciendo frente a las pruebas de la vida.

¿Qué hubiera sido de ellos y de su unión sin el poder de la palabra? En su prolongada convivencia os imagináis el maravilloso protagonismo de “palabras de aliento, de consuelo...”; y también de “discusión y enfado”, seguidas de palabras de "reconciliación o perdón".

Creo firmemente en el poder de la palabra. Puede ser mágica o milagrosa cuando brota de un cálido corazón, sea un sencillo saludo o sea una palabra de más compromiso.

Llegamos a valorar de verdad lo que tenemos cuando nos falta. Y en esa noche pude descubrir el valor de LA PALABRA, que en calor de nuestro interior se puede convertir en luz, para quien ha perdido incluso la razón de su vivir. Pero antes hay que dejar que la PALABRA cale en nuestros corazones.

La Palabra de Dios se hace Vida en Jesús de Nazaret y el Espíritu de esta Vida sigue misteriosamente presente, invitándonos a escucharla y a decirla.

Cuando La Palabra de Dios late en nuestro interior, nosotros podemos ser portadores de esa Palabra de Amor, más fuerte y poderosa que que cualquier otra palabra...

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"La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón" (Rom 10,8)