“Ser voluntario no es más que encontrar en nuestra vida algo positivo que alguien pueda necesitar, y encontrarte con todo lo bueno que te ofrecen aquellos a los que te das”.

   

Hola, soy Raquel. Estoy en la Residencia de las Hermanas Trinitarias de Marqués de Urquijo de Madrid. Estudio Magisterio y me gusta mucho participar en grupos, actividades y acciones solidarias. El grupo de periódico de la Resi me ha propuesto escribir un artículo. A pesar de la falta de tiempo, me he decidido dedicar un ratito para contaros una experiencia, para mí muy importante.

 

  Hablo del voluntariado, pues he estado este curso en el colegio público Fernando el Católico de Madrid ayudando a adolescentes con problemas en sus casas y malas situaciones que, en gran medida, influye en sus estudios: no avanzan. Son adolescentes de E.S.O. y Bachillerato; algunos de ellos/as pasaban el día fuera de casa, en la calle, y no precisamente en buenas situaciones. Sus conductas, actitudes, contestaciones y los conflictos que generaban entre ellos, les hacen “difíciles” en clase y en cualquier grupo.

Yo, personalmente, aunque a veces me resultaba difícil la relación con ellos, y en ocasiones me jugaban malas pasadas, les he cogido mucho cariño. Esperaba con inquietud el jueves para ir allí a compartir con ellos y, en la medida de mis pequeñas posibilidades, a ofrecerles algo positivo a estos chicos y chicas que en principio “pasan de todo”.

El primer día que llegué me dio miedo, no me veía capaz de hacer nada;  y parecía que rechazaban cualquier intento de ayuda. Poco a poco me di cuenta de que, por medio del rechazo, la vaguería, las llamadas de atención, y la oposición que les caracteriza, lo que hacían  era pedir ayuda a gritos. A veces DE FORMA URGENTE. Ellos saben que las cosas no les van bien, y todo su esfuerzo consiste en huir de esta realidad. Su protesta, en realidad, es un reclamo de oportunidades y de confianza.

Sinceramente: me gustó sentirme útil. Siento alegría cuando me dicen que comprenden y aceptan, a veces con un gesto más que con palabras; y me piden que acepte yo su forma de demostrarlo. Normalmente se desvalorizan mucho, sacando a la luz su falta de autoestima y descontento con ellos mismos. Al fin y al cabo, conocen su situación, y tienden a compararse con otros niños de su edad.

Me llena también mucho la facilidad con la que demuestran el cariño, y la confianza que sienten con los voluntarios. A pesar de su rebeldía, reclaman cariño, pero cariño que no pide nada a cambio. Y ven en nosotros las únicas personas que les dan sin condiciones. Así me lo  llegó a decir uno que me llegó al alma.

Mi experiencia ha sido muy positiva. También me satisface su agradecimiento. Creo que, en mayor o menor medida, he entrado en sus desordenadas vidas. Pero ellos también han entrado en la mía de una manera muy especial. Además he descubierto que realmente mi vocación está en la Educación. Estudio Magisterio porque las personas me preocupan; y me preocupa no sólo que aprendan más conocimientos y sean más listas, sino que se formen como auténticas personas y sean dueñas de su futuro como personas. Valoro mucho el trabajo, una buena educación y disciplina, y unos valores que sirvan para fundamentar la propia vida. Vivimos en un mundo donde se nos dice que podemos tenerlo todo, pero no siempre se enseña el camino real de conseguirlo, que es ser dueños de sí mismos.

Ahora, por los exámenes de final de curso, me he visto obligada a dejarlo por un tiempo, y lo echo de menos. Siento inquietud. Me gustaría saber de sus vidas, estar presente, ayudar en lo que pueda… Os animo a que, si tenéis oportunidad, seáis voluntarios/as a cualquier nivel y en la medida de vuestras posibilidades. Muchas veces nos quejamos de lo que no tenemos, queremos más cosas, más tiempo, más… de todo. Pero yo me he convencido de que TODOS TENEMOS LO NECESARIO PARA OFRECER ALGO POSITIVO A ALGUIEN QUE LO NECESITA.

Nosotros también nos enriquecemos. Esta experiencia nos da la oportunidad de “salir de nosotros mismos”, y dar sin “esperar” algo a cambio. No se espera, pero sin duda alguna, se recibe, y más de lo que podéis pesar. Y el amor gratuito saca siempre más amor. Por eso puedo decir que quien da algo de sí mismo, y lo hace sin buscar nada material, acaba siempre recibiendo mucho más en su persona y en su vida.

También vivir todo esto nos ayuda a darnos cuenta de lo afortunados que somos muchas personas, sin merecerlo, y nos enseña a valorar más lo que tenemos, y a comprometernos con la propia vida, pues tanto que tenemos y podemos es para hacer algo con ello. Esta es mi experiencia que me gustaría repetir. Y que resumo así:

“Ser voluntario no es más que encontrar en nuestra vida algo positivo que alguien pueda necesitar, y encontrarte con todo lo bueno que te ofrecen aquellos a los que te das”.

Raquel Márquez

 
   
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