- ¿Puede D. Quijote

decirnos algo de la conversión? -

   

 

El tiempo litúrgico de Cuaresma representa un momento fuerte de conversión y penitencia como preparación para celebrar en todo su sentido, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Y precisamente en estos días, al la hora de pararme a reflexionar sobre el proceso de conversión, me ha venido a la memoria la historia del D. Quijote de la Mancha. ¿Por qué?

Porque vivió como nadie la conversión, el cambio en su vida y además con un fuerte espíritu de penitencia sufriendo toda clase de desdichas por el amor de su soñada Dulcinea.

No me olvido de que la vivencia tan apasionada de los ideales que invadieron su corazón le llevaron a enloquecer, pero lo que a mi me llama la atención es que dichos ideales por el hombre y la justicia encandilaron toda su existencia. Este es el el camino a través del cual la Cuaresma nos ha de conducir hacia la Pascua por el deseo de que nuestra vida se quede enganchada a la de Jesús Resucitado.

La historia de D. Quijote no acaba bien, pero en la nuestra el final es diferente. Pero merece la pena pararnos en ella atentos a lo que hoy mismo nos quiere decir. Cominza así:

Un buen día el hidalgo Alonso Quijano se hizo nombrar caballero para dar cumplido fin a sus más altos ideales en esos mundos inóspitos de la España del siglo XVII:

Derribar todo tipo de malandrines y deshacer entuertos…, constituyéndose en defensor de los más débiles e indefensos.

Pero sucedió que sus soñadas aventuras se convirtieron rápidamente en arriesgadas desventuras; ansiaba emular las proezas de los más legendarios héroes de caballería, que incansablemente había leído en los libros. Y en lugar de hacer realidad la ficción relatada en dichos libros, tan solo logró ser víctima expoliada de burlas, agravios y apaleamientos, que nunca lograron doblegarle en su persistente afán, fiel a la causa que había conquistado toda su existencia.

Había dejado su casa por vencer sobre las sombras del mal que atentaban contra la justicia y el bien del hombre. Al mismo tiempo que estaba convencido de que esta victoria le haría merecedor de la mayor de todas las honras: el amor de Dulcinea.

Estaba dispuesto a sufrirlo todo por el amor y la justicia: el primero, motor de su entrega en el combate y el segundo, vehiculo que impulsaba dicho motor llevando su vida por todo tipo de caminos.

Es una verdadera lástima, que al final de la historia nuestro “héroe” cae derrotado física y moralmente. En un encerrona fue derrotado en sus ideales, y gravemente herido en su corazón se vio obligado a regresar a la casa como Alonso Quijano que se llamaba. Él que tiempo atrás había salido de ella convertido en el ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha.

Su corazón había quedado herido de muerte, sin fuerza para seguir latiendo: habían destruido su su sueño de justicia y también la esperanza del merecido amor de Dulcinea. Nada le quedaba por lo que luchar y tan solo morir podía ansiar.

 

 

¡Amigo D. Quijote!

¿Dónde estás ahora? Tu historia sigue viva más allá de los siglos. En nuestro tiempo al igual que el tuyo la riqueza y la pobreza coexisten en un mismo mundo o en una misma sociedad, igual que el bienestar sumo con la ingente miseria de las clases sociales más bajas Y en muchas ocasiones nos falta un sentido profundo por el que entregarnos en nuestros trabajos, a una causa válida y eficaz que despierte la dinamicidad de nuestro existir.

En tus altos ideales no dejaban de estar presentes la integridad y el bien de la persona, aunque tus actos resultaron desenfocados, fuiste un hombre creyente y aunque a ti tus errores y locuras te costaron bien caras, todos en nuestra vida cometemos fallos e imprudencias.

Mira que confundir molinos con gigantes… ¡ya te vale!, pero necesitamos, sin llegar a tanto ¡claro está! Que nos enseñes a ir más allá de lo que ven nuestros ojos, porque seguro que con el paso de los siglos tú ya habrás aprendido la lección.

- Por supuesto amiga, aunque del todo no sé yo… dices bien en considerarme un hombre de fe pues así soy en verdad, y lo que yo aprendí fue:

Me empeñé en desmotar entuertos por mi propia cuenta y en lograr en un sin vivir constante a mi inexistente amada Dulcinea, mientras allá arriba hay Alguien realmente bueno que se ocupa de todos y lo que a nosotros nos pide es que le dejemos hablar y le escuchamos y el mismo descubrirá en nuestro corazón los más auténticos ideales. ¡Qué bruto fui al actuar a mi manera!

O sea que estos ideales no les creamos nosotros sino que están en nuestro propio interior. ¿no?

Así es. Yo luché por conquistarlos a la fuerza, desde mi propio empeño…y de esta forma nada sale bien.

Sabes dónde está la victoria… en el descubrimiento del verdadero amor, único móvil real que conduce a un verdadero cambio de la persona sin llegar a la locura como me sucedió a mí y otros muchos en la historia pero a los que ahora no vamos a recordar.<span class="Estilo132"><img src="Imagenes/plus.gif" width="18" height="12" /></span>

 

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