Amanece y desde el avión podemos contemplar el misterio de un nuevo día que se va abriendo ante nuestros ojos... Iniciamos nuestro viaje para participar en Bruselas en una nueva etapa de la Peregrinación de la confianza por toda la tierra, organizada por la Comunidad de Hermanos de Taizé.
Al aterrizar no entiendo nada, no conozco la lengua… todo se me hace un tanto extraño; pero al llegar el momento de la acogida en la familia, el desconocimiento del idioma deja de ser una barrera para la comunicación, se convierte en una manifestación serena de la providencia de Dios. Siento con gran sobrecogimiento que sólo puedo abrirme a la confianza en cuanto acontece en el nuevo hogar; la familia trata de dar lo que tiene y de convertirte en un miembro más de la misma. GRACIAS es la palabra reina, pocas más se necesitan, porque ya he pasado de ser una extraña a convertirme en una más de la casa.
Cada mañana dejábamos nuestro hogar para regresar por la noche. Emprendíamos nuestro camino hacia el encuentro con Dios en la oración de la Parroquia y con los jóvenes que compartían nuestra misma aventura procedentes de otros países. Lenguas diferentes convergían en una misma expresión de admiración ante el misterio amoroso de Dios, que rompe todos nuestros esquemas. ¿No evoca esta realidad el lenguaje único del Espíritu, que superó en Pentecostés los más diversos dialectos?
En los momentos de oración, al tiempo que voy viviendo todo esto, tan solo podía dejar que fuera mi corazón quien hablara y se preguntara: ¿Cómo puede suceder en nuestra vida diaria, que no nos demos cuenta de la presencia de Dios que late dentro de nosotros? ¿De dónde puede provenir la gratuidad de cuanto recibimos? ¿No será del Amor único y personal de Dios, aún cuando las circunstancias no son favorables? Pero Él, ¿nos da o se nos da?... Y comienza así mi suplica para que en la rutina no se pierda esta danza interior de agradecimiento, de deseos e inquietudes por alcanzar que la música del Espíritu va suscitando en mí.
Con mis compañeros de viaje formaba un pequeño grupo de quince personas de la familia trinitaria que nos unimos a todos los jóvenes europeos participantes en este Encuentro. Éramos aproximadamente unos 40.000 convocados para escuchar el mensaje de amor y paz de Jesús Resucitado, para después trasmitirlo en nuestro entorno cotidiano. ¿No parece increíble?
El recuerdo de estos días, es Vida que ya late dentro de mí, que me lanza a nuevos sueños y metas que me gustaría alcanzar. La amistad de mis compañeros, la gratuidad de la acogida de mi familia en Bruselas, los momentos de intimidad con Dios... renuevan mi esperanza en una humanidad que ya se está construyendo a la luz del Evangelio de Jesús, en la sencillez del corazón que ama, confía y se abre a la gracia
Dios se complace en nuestra felicidad, camina con nosotros siempre. En estos días especiales de la Peregrinación de la Confianza en Bruselas, su presencia ha tenido un fuerza especial. Pero Él es siempre el mismo. Allí en lo alto se siguen sucediendo maravillosos amaneceres, como el que vimos desde el avión, e igualmente cada mañana Dios sigue amaneciendo en nuestras vidas. Merece la pena estar despiertos para descubrirlo a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
¡¡¡FELICIDADES!!!... Comienza un nuevo día, comienza un nuevo año. Estamos en un nuevo amanecer…
¿Puedes verlo en tu interior y en el mundo que te rodea?
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