El agua de ese manantial ...

Me contaron una vez, que un hombre había adquirido un terreno donde existía un pozo oculto, sin explotar. Entonces, decidió excavar la tierra hasta alcanzar la profundidad del agua estancada en su interior y beneficiarse de este modo de “la vida” que este pozo pudiera ofrecer.

 El pozo tenía unos ocho metros de profundidad y esta ardua tarea requería seguir unos pasos determinados: extraer el agua con una bomba eléctrica y limpiar el fondo; después el agua limpia del manantial llenaría de nuevo el pozo según lo previsto. Así, el terreno seco y abandonado bajo el que se encontraba, se convirtió en un campo de abundantes frutas y hortalizas, gracias al agua que del mismo se obtenía y al continuo cuidado y atención de su dueño, que cuanto más agua sacaba para su campo, más manaba el manantial.

 

 

 

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Parábola del hombre y la mujer que sufren al margen de la ciudad

Almudena Santos Liquete

Este relato del pozo abandonado, que un día alguien se decidió explotar, me llamó mucho la atención porque me llevó a pensar que en el interior de la persona puede suceder algo similar. No podemos apartar de nuestra memoria, aquellas personas que viven en la tierra del olvido subsistiendo en su propia miseria en un ambiente de drogas, delincuencia, indigencia… ya que en cada una de ellas, se encierran también infinitas posibilidades de superación y realización que subyacen en su propio manantial escondido.

El problema de las poblaciones marginales que se asientan alrededor de las grandes ciudades como Madrid no tiene fácil solución por parte de las autoridades políticas; como lo hemos visto en los medios de comunicación con en el caso de los inmigrantes que vivían en la Cañada Real … Pero sea un colectivo de rumanos, de marroquíes o cualquier otro, en todas las acciones que se ejecuten para erradicar estos guetos de marginación, no se puede actuar de una forma intempestiva atentando contra la dignidad de su persona, herida ya en su propia historia personal; de lo contrario se contribuirá a agravar más la situación en la que se encuentran.

¿Cuáles es la mejor solución? Apostar por la persona y las posibilidades de bien que subsisten en su interior, escondidas bajo su realidad de abandono y sufrimiento. Acompañarla y apoyarla en su proceso de rehabilitación y recuperación tratandola de ayudarla a conseguir los medios e infraestructuras necesarias para una adecuada calidad de vida en la que tenga cubiertas sus necesidades básicas.

Construir nuestra sociedad o nuestro mundo es misión de todos; por ello, es preciso que cada hombre o mujer sea el protagonista de su vida. Y todos hemos de estar abiertos a ayudar de una forma solidaria a aquel, que necesita ayuda para salir adelante, a pesar de sus heridas o limitaciones. Pues sólo de esta forma, lograremos un mundo más justo y veraz.

 

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