¡PAN Y PAZ!
Son demasiadas las nuevas vidas que nacen en medio de un mundo de oscuridad, de abandono, de maltrato, de pobreza, de miseria, o de marginalidad; despojados, desde el principio de su existencia, de lo más básico para subsistir y también de todo sentido vital.
Así sucede, en el Cuarto Mundo de las grandes ciudades pero de forma aún más acuciante en el Tercer Mundo: en América Latina, África y Asia, niños abandonados en las calles, explotados trabajando en minas y otros lugares o víctimas de la prostitución... Sin olvidar tampoco la realidad de Europa Oriental y otras regiones de este continente.
En mi corazón está también el recuerdo de jóvenes que lejos de las tierras del amor, viven en el exilio, sin esperanza de hallar algo nuevo, que les ayude a salir del laberinto donde se encuentran. En cambio, he podido conocer a otras jóvenes, que en una presencia amiga reconocieron una llamada a la felicidad.
Por todo ello, te quiero decir a ti joven, que en el calor del hogar, fuiste creciendo al mismo tiempo que aprendías que la vida es el tesoro más grande que un hombre puede poseer. A ti, que como amante infatigable te entregas por entero en la construcción de tu futuro, sin regatear esfuerzos porque has descubierto la fortuna de vivir:
La vida es demasiado valiosa como para malgastar
sus días sin denunciar las injusticias del mundo
y sin tender una mano a quien lo necesita.
Todos los hombres que habitamos este planeta formamos la gran familia de los hijos de Dios,
y nada de lo que le pase a un hermano nos puede resultar indiferente, así nos lo enseñó Jesús.
La alegría verdadera no puede quedar reducida
a unos pocos, sino que tiene que extenderse
y con tu testimonio
has de ser joven profeta,
profeta del amor, de la paz y de la libertad.
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