En pleno centro de Madrid, a menos de cinco minutos a pie de la Puerta del Sol, en el COMEDOR DEL AVE MARÍA, podemos verun eco de la profecía....
Están " Sentados a la mesa", como si fuera el banquete de ese Reino del que tantas veces hablamos en nuestras iglesias, y reuniones, y programas..., donde tantas veces repetimos que los últimos serán los primeros... Desde luego que el puesto preferente será para ellos, porque son los que ocupan el último lugar de nuestra sociedad.
Viven en la calle, algunos ya ni se acuerdan cuánto tiempo. Cuando los veo pasar al Comedor sentarse a la mesa, y esperar..., pienso en sus sentimientos, sus dificultades, sus deseos, y en su manera de ver el mundo... Sí, están en la calle y prescinden de la mayoría de nuestros sistemas y las políticas que los sustentan, pero tienen sus propias ideas. Muchas veces, cuando somos capaces de esucharlas, llegamos a sentir cómo se nos tambalean las nuetras ...
Camino sin rumbo por la ciudad. Soy como una sombra andante que no sabe donde va; a estas horas no se ni quien soy. De pie a la puerta de una iglesia, o sentado en cualquier acera, pidiendo algunas monedas para el sustento diario, veo los viandantes pasar; algunos depositan unos céntimos, mientras sospechan que van a ser gastados en vino, precisamente mi gran aliado, el zumo de la uva fermentado, mi más excelente abrigo, el que me protege de mis pensamientos destructores, mi mejor somnífero, y la única fuente de alegría para mi vida rota.
Le debo a los comedores públicos poder comer cada día un plato de comida caliente; un día aquí y otro allá, aunque frecuento un lugar fijo donde desayuno cada día. En todos me siento muy bien acogido, y me gusta mucho venir a desayunar al Comedor del Ave María; es una buena manera de empezar el día...
La gente del Comedor los respeta, los atiende sin preguntar, sin observar, sin desconfiar... Pero a veces pensamos... Y cuando pasa tiempo y surge, algunos les brindan la posibilidad de plantearse una nueva vida. Parece que el paso de los años acabó con el fuego de sus sueños, y la vida libre, sin horarios ni estructuras, acaba apoderándose por entero de otro modo de vivir. El tren de sus vidas sigue su trayecto sin detenerse, y permanecen como ausentes en medio de una realidad que ya no les pertenece.
Son muchos sus temores y fantasmas viviendo a la intemperie, y son muchos también los miedos de la gente que se cruza con ellos por la calle, por eso seguimos caminos paralelos, sin posibilidad de encuentro.
¿Cual es el triunfo del progreso? ¿Qué tesoros hemos logrado, vendido, explotado o enterrado, tras alcanzar tantas cimas? ¿Hacia dónde avanzamos? ¿Qué cunetas ignoramos y quienes y por qué se van quedando... a la vera del camino?