Profecía y liberación

 

Almudena Santos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prisionera

Una única humanidad, o familia, que tiene al Dios de Jesús como Padre.

Pero ¿Por unos se tienen que constituir en dueños y señores de la vida de los otros?

“¡Me perteneces!”, dice aquel que tiene la posesión de su mujer como algo propio y se cree en el derecho de hacer con ella lo que quiera, incluso matarla. Es la conocida historia de una joven o una madre de familia, que día a día está entregada al mayor tesoro de su vida, los hijos, pero con el temor siempre presente a una posible explosión de violencia del hombre que tiene por esposo o pareja. Cualquier excusa sirve de móvil; no hay escapatoria.

Es una imagen de la llamada "violencia de género", tan actual en nuestro país y en otros países occidentales. Pero son muchas las regiones de nuestro planeta donde el dominio del hombre sobre la mujer es absoluto y, aunque no tiene porque implicar directamente muerte, la violencia de género, con frecuencia está en la base de "la cultura" en la que se fundamentan.

“¡Tendrás que pagar el billete que te sacó de tu miseria!” Dice aquel envaucador perteneciente a una red encubierta de prostitución. Le prometió el paraíso a aquella joven desdichada que viajó engañada hasta el mismísimo infierno.Y llegó a lo más profundo del abismo, con el corazón congelado y su persona despersonalizada. El templo sagrado de su cuerpo es, una y otra vez, profanado por hombres de mentes enajenadas que necesitan de la carne para saciar sus más bajos instintos.

Esta es la realidad de determinadas jóvenes que han sido captadas en redes que establecen sus centros de prostituicón en España o en cualquier país de Ocidente. Pero puede ser además la situación que viven otras jóvenes muchas veces menores, en algunos paises de Asia, y de otros continentes, pues dichos centros representan un poder económico muy fuerte, y por eso afloran donde más necesidad hay.

 

INICIO

 

 

Para nuestro mundo es un regalo el testimonio de aquellas personas que han puesto en juego su vida para conseguir su liberacióbn.

En nuestro vivir diario no somos consciente del don de la libertad que recibimos al nacer. Nos hacemos dependientes de muchas cosas innecesarias, y el mal ajeno, y estas situaciones reales de esclacitud, nos puede parecer lejano.

Por las noche al acostarme, puedo sentirme afortunada porque en mis manos he tenido la posibilidad de ser dueña de mi existencia, aunque unas veces haya estado más atrapada que otras en mi trabajo. Pero hay historias que habitan en la oscuridad de un túnel, condenadas a no ver la luz del amanecer que comienza a marcar el ritmo de sus horas.

La libertad de muchos hombres y mujeres de esta tierra tiene una caducidad limitada. Su existencia queda malherida al tiempo que su dignidad es pisada y machacada, como si no tuviera el mismo valor para todos.

Afotunado eres tu también por ser dueño de tu vida, aunque a lo mejor no tengas tiempo para pensarlo. Piénsalo, y piensa también que si estás en camino de libertad, puedes y quizás debes ser promotor de liberación.

Y si estás lejos de la verdadera libertad de los hijos de Dios...

Piensa qué es lo que te tiene atrapado y cuál puede ser la forma de alcanzar tu propia libertad, con la vista siempre puesta en una nueva humanidad:

Hombres y mujeres verdaderamente libres, que poseen una misma dignidad que nos compromete con el respeto y la justicia universal.