PROFECÍA Y LIBERACIÓN

¿Qué nos sugieren estas cifras?

  • 18 millones de niños VIVEN en la calle en la India.
  • 40 millones de niños en América Latina.
  • 100 millones en todo el mundo .

He de confesar que siempre he sentido una inquietud especial por todos aquellos niños que, por diferentes motivos, se han visto sometidos a lamentables situaciones de abandono o injusticia. Me acerco a esta realidad con verdadero estremecimiento. A todos los menores que viven en la calle sin nadie que les proteja ni vele por ellos.

Siempre nos referimos a países más necesitados al tratar sobre los niños de la calle. Pero también en los paises más desarrollados existen los niños de la calle. Sobre todo, menores que vienen de forma ilegal a través de distintos medios. Viven en la ciudad sin ningún adulto de referencia. Su objetivo es ganar dinero rápido para ayudar económicamente a sus familias. Pero su realidad por lo general es otra: sobrevivivir en la calle. Es la única alternativa posible a la repatriación o institucionalización en un determinado Centro de Menores. Y aunque su situación no sea tan acuciante como la que viven en otros países otros menores o adolescentes, sus jóvenes vidas muchas veces dedicadas al pillaje y al consumo de sustancias tóxicas, no dejan de estar en juego.

En 1959 se aprobó la Declaración Universal de los Derechos del Niño. Treinta y un año después, en 1990 entró en vigor la Convención de los Derechos del Niño. Pero hoy en día siguen faltando planes de acción, y falta, sobre todo, la firme intención por parte de los gobiernos de erradicar esta realidad tan clamorosa de la infancia abandonada. Y es que la burocracia, con sus cientos de papeles firmados, es quien se lleva todos los esfuerzos y medios. Y estos Acuerdos internacionales se quedan practicamente en la nada, inmunizados del verdadero espíritu de la letra "firmada", según la cual se comprometieron a proteger y defender los derechos de los menores, así como a propiciar unas condiciones de vida digna en las que se garantice una integridad física y psicológica para todos los niños .

Los "niños de la calle" representan la punta del iceberg de unas sociedades que padece en la carne de los más débiles las injusticias de sus estructuras. Y por todos es sabido, que en muchos países de América Latina y de Europa Oriental la policía y los servicios de seguridad, ante la indiferencia del sistema judicial, cometen crueles asesinatos para limpiar las calles de la mala imagen que dan estos niños sucios y "peligrosos". Con frecuencia se ven sometidos también a malos tratos o la tortura, sin que nadie levante la voz en su defensa.

La inhóspita urbe esconde a estos muchachos que a pesar de su corta edad lo han perdido todo en su aventura de sobrevivir; han roto por completo cualquier vínculo con su familia de origen, donde no quieren o no pueden regresar; por rechazo o por abandono; porque sus padres están en la cárcel, o por que huyeron de los abusos que con ellos se cometían; otros viven las consecuencias de un horrible conflicto bélico... Siempre víctimas.

Estos niños y adolescentes tienen menos de quince años. Navegan por la ciudad como un barco velero en medio de un mar embravecido. Son navegantes solitarios, pero no son simples mendigos, delincuentes, o trabajadores de la calle, sino que son chicos que sólo tienen la calle para sobrevivir. Buscan refugio cerca de las estaciones, de los centros comerciales o debajo de los puentes de las autopistas...

Sus azarosas vidas, separados de sus familias, forman un puzzle cuyas piezas es imposible juntar: estabilidad, protección, alimento, atención, cuidado... son pura utopía para ellos. ¿No habrá quién pueda recrear este puzzle con nuevas piezas, donde estos niños puedan encontrar lo bueno de la vida que nunca conocieron?

En la calle pueden llegar a saciar su hambre con cualquier cosa que encuentran por ahí, o con lo que obtienen de la mendicidad, pero esto no les hace inmunes a la desnutrición y la enfermedad, siempre al acecho en medio de su estado de precariedad absoluta. En muchos casos, sus familias también malviven en los suburbios de la ciudad, mientras ellos van pasando sus días en un eterno hoy de supervivencia.

Es realmente hiriente ver cómo en medio de esta tragedia hay quien hace también su negocio. Y las multinacionales productoras de pegamentos también se aprovechan de estas vidas inocentes que consumen sus productos de forma continuada; pues no dejan de ser para ellos el mayor analgésico para sus males; destruyen sus pulmones pero las sustancias letales actúan sobre su cerebro eliminando toda sensación de frío, hambre, sed, dolor, o soledad...

Estos niños nada tienen y nada esperan; y creen que nada pueden perder mientras surcan los peligrosos “mares de la ciudad”, donde ellos mismos son su propia carta de navegación y donde se van a encontrar con terribles enemigos que les conducen a la prostitución y explotación, a la violencia, a la cárcel o incluso a la muerte.

 

 

A TÍ TE DIGO

 

... nada tienen y nada esperan; creen que nada pueden perder mientras surcan los peligrosos "mares de la ciudad"...

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PROFECÍAS

 

En cambio, la realidad de numerosos niños: de los que pertenecemos a este llamado "primer mundo"es ...

Que los padres ocupados en sus particulares quehaceres surten a sus hijos de cuanto piden y les llega através de distintos medios en una especie de lluvia casi comtinua de cosas que ansían y en la que esconden el verdadero anhelo de su corazón:

"sentir la cercanía, el cariño de sus padres".

Su prolongado trabajo invade a los chicos con su ausencia, y les puede hacer sentir también navegantes solitarios; pero no de la gran ciudad sino en su propia casa y en medio de su propia familia.

A TODOS VOSOTROS PADRES

que podeis tener en vuestras manos la infancia de vuestros hijos, no la despilfarreis en una existencia rutinaria donde todos los días son iguales y lo que más vale es el ganar dinero -aunque esto no deja de ser algo importante para vivir-.

Un día se os regaló el mayor de los tesoros que un hombre o una mujer pueden soñar: una nueva vida, un hijo/a.

Cuidadla y amadla como a vuestra propia vida;

y un día, en un futuro no muy lejano, podréis ver florecer multiplicados todos los maravillosos frutos de amor que vosotros mismos sembrastéis.