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- PROFECÍA Y LIBERACIÓN -Miseria y vida
Un educador de calle que trabajaba allí, me acompañó para conocer de cerca estos submundos donde el comercio de la droga lo mueve todo. A él acuden los toxicómanos en busca de su dosis diaria. Y según él me contaba, después en cualquier rincón lo consumen, o sino se van del poblado caminando mirando al suelo, o en el coche que les ha traído especificamente para su fin. Aquella mañana estaba soleada pero al llegar allí tuve la sensación de que la claridad del día quedaba ensombrecida. Me encontraba tan solo a unos pocos Kms del centro de la ciudad y sin embargo me parecía que estaba en otro mundo: las calles sin asfalto con piedras de todos los tamaños, hoyos en el suelo, viviendas que no eran casas, sino una especie de casetas o chabolas con sus contraventanas cerradas… Puedo decir que todo eso fue lo primero que se veía a nuestro alrededor. A medida que nos íbamos adentrando en el poblado lo que contemplábamos: ropa tendida, cierto olor a comida… varias mujeres prepararando la comida en pequeñas hornillas a la entrada de la casa mientras el cabeza de familia esperaba expectante de lo que sucedía a su alrededor… ponía en evidencia algo más; la vida cotidiana de sus habitantes en medio de unas condiciones totalmente infrahumanas. Los niños con una aspecto que denotaba mucha desatención, acudían a nosotros porque conocían a mi amigo y guía; se encargaba de visitarlos con frecuencia como le correspondía por su trabajo; entre otras cosas, “para recordarlos" a ellos y a sus familias que cada mañana tenían que ir al colegio, estaban en edad escolar pero todos se justificaban sin ningún problemas su ausencia de las clases. Sabía sus nombres y sentía con dolor la injusta realidad que cada uno estaba viviendo. La calle, su entorno, era quien les enseñaba a estos chavales las lecciones de la vida que no vienen en los libros. Su algarabía aportaba un aire diferente a la podredumbre y miseria que todo lo inundaba, tanto por fuera como por dentro de las chabolas. Todas las familias eran de etnia gitana, compartían el mismo estilo de vida y la inmensa mayoría tenían un oficio común: la chatarra, mientras que la droga constituía una economía particular para muchos de ellos. Las autoridades públicas no se deciden a intervenir por la complejidad de este problema, y los guardianes de la ley apenas se atreven a entrar en el poblado, hacen sus redadas y se van. Es una zona muy peligrosa de reyertas por el tráfico y consumo de drogas y de ajuste de cuentas que pueden llegar a saldarse hasta con la vida . Los habitantes de este lugar viven al margen de la "civilización", inmersos en esta tremenda realidad de desolación; en la que muchos toxicómanos mueren allí por sobredosis y que muy pocas personas además de este educador y los compañeros de su Asociación la conocen de cerca; su trabajo precisamente es velar por esta vida de la gente del poblado, que a duras penas puede ir brotando día a día entre tanta zarza de dignidad corrompida. S ólo de esta forma, con dicho trabajo se puede construir un espacio donde sea posible creer en el ser humano creado por Dios para el amor y creer en el hombre que por encima de las diferentes pruebas de la vida , tiene su horizonte en la felicidad fruto de una convivencia serena y pacífica para todos. |
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A medida que nos ibamos adentrando en el poblado, lo que contemplábamos revelaba la cotidianidad de sus habitantes en medio de unas condiciones de vida totalmente infrahumanas.
La algarabía de los niños aportaba un aire diferente a la podredumbre y miseria que todo lo inundaba, tanto por fuera como por dentro de las chabolas. Sin trabajo por el hombre y por mejorar su calidad de vida. No puede haber un espacio físico, real para creer en el ser humano creado por Dios para el amor.
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