"Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía. En esto, una mujer samaritana se acercó al pozo para sacar agua..." (Jn. 4, 6-7) Y comenzaron a hablar...
¿Cuántas veces, en el mediodía de nuestra jornada, nos sentimos cansad@s del camino...? ¿Cuántas veces, en lo más hondo de nuestro corazón, anhelamos un brocal para descansar, una palabra de ánimo, un pequeño encuentro entrañable?Esta página, quiere ser simplemente eso, una mirada a nuestro interior, para beber del manantial que calma la sed de nuestra alma y recobrar fuerzas para seguir caminando el resto de la jornada... Es la pretensión de ponerle a nuestra actividad cotidiana una gota de sabiduría, de hondura, de sentido... desde el Evangelio y desde la vida de cada día.

1. HAY TIEMPO PARA TODO...
"Al anochecer, cuando ya se habia puesto el sol, llevaron ante Jesús a todos los enfermos y endemoniados, y el pueblo entero se reunió a la puerta. Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente...De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar apartado "
(Mc. 1, 32-35)
A estas alturas, cuando ya avanzamos por la segunda mitad de enero, es posible que a muchos se nos hayan olvidado los propósitos de principio de año y el dicho popular: "Año nuevo, vida nueva" lo hemos guardado para otra ocasión...
Pero, es precisamente ahora, cuando todos estamos imbuidos en nuestro ajetreo y estrés diario, cuando estamos invitados a que la Palabra toque lo profundo de nuestro ser...
Jesús, en el atardecer de nuestro día, nos enseña con su vida: a pesar de toda la actividad que realicemos, por muy importante que sea, hemos de buscar ese instante de soledad habitada, de silencio elocuente en el que nos sentimos amados gratuitamente...
Querid@s amig@s, nadie da lo que no tiene, y todos necesitamos recargar las pilas, sentarnos al brocal y calmar nuestra sed con el encuentro auténtico y profundo con el Dios de la Vida, para llenar nuestra actividad cotidiana de sentido y de pequeñas gotas de felicidad...

2. CAMINAR CON UN RUMBO POR LA VIDA...
"Se te hace saber, oh hombre, lo que es bueno,
lo que el Señor quiere de ti:
tan solo que vivas la justicia,
que ames con ternura,
y que camines humildemente con tu Dios"
(Miq. 6, 8)
Con frecuencia nuestra vida se debate entre la rutina y el hacer frente a los imprevistos como mejor podemos... Quizás esto no lo podamos cambiar, nos guste o no, cada un@ hacemos lo que tenemos que hacer.
Vamos avanzando por la cuaresma y la Palabra de Dios nos inunda con toda su riqueza, hondura y sencillez. Dios, en estos días, nos sale especialmente al encuentro en lo secreto de nuestro corazón, ¿por qué no prestarle un poco de atención?
Quizás descubramos que tenemos que seguir haciendo lo mismo de siempre, pero en esa rutina diaria podemos experimentar que Alguien camina a nuestro lado, y que nos invita a mirar con profundidad a nuestro lado, a amar con ternura, a tener más paciencia, a regalar alguna que otra sonrisa y a intentar sembrar, en donde estemos, la semilla de la justicia y la solidaridad.
Ojalá cada día tengamos el coraje de intentar hacer realidad este proyecto de vida, seremos más felices y la regalaremos a nuestro alrededor

3. ¡¡DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN VER!!
"Ocho días después, reunidos de nuevo todos los discípulos, incluido Tomás.
Aunque las puertas estabas cerradas, Jesús se presentó en medio y les dijo:
"PAZ A VOSOTROS" .
Después dijo a Tomás: "Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino creyente!".
Tomás contestó: "SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO".
Jesús le dijo: "¿Crees porque me has visto? ¡DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO!" (Jn. 20, 26-29)
Creo que todos somos un poco Tomás: al mismo tiempo que la alegría pascual, nos invade la duda, los miedos, la inseguridad... Y a veces, son tan grandes, que nos paralizan... Jesús, una vez más se presenta en medio de nosotros, a pesar de tener las puertas cerradas de nuestro corazón, y nos llama a su lado... Conoce bien nuestra debilidad y flaquezas, por eso, se acerca a cada uno como somos, desde nuestra realidad.
¿Cuántas veces, en momentos duros y difíciles en los que no vemos salida, hubiéramos querido meter el dedo en las heridas de Jesús para comprobar que Él sigue a nuestro lado? Gracias a Tomás, tenemos la prueba de que es verdad que ha resucitado, y sobre todo, de que en nuestras luchas, miedos y fracasos, Él está con nosotros y nos regala su paz...
Ojalá seamos capaces de exclamar como Tomás: ¡¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!!, y de creer, desde lo más profundo de nuestro ser, que Él es el Señor de nuestras vidas, que Él es nuestro Dios... y que tenemos de nuestra parte al mejor de los aliados. "Dichosos los que creen sin haber visto".
