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"Fuego he venido a poner en la tierra y qué quiero sino que arda?". Este fuego es el amor del Padre que Cristo trae a la tierra y que enciende nuestros corazones para que se extienda por toda la humanidad". 

Encuentro con el Amor

La espiritualidad es el encuentro con el AMOR de Dios, y se expresa en la Comunión con Él y entre los hermanos y en la Liberación de todos los oprimidos.

La Oración personal, la alabanza a Dios Trinidad, la meditación de la Palabra, la relación con María Madre, la comunión con la Iglesia y la Eucaristía son los espacios privilegiados donde se alimenta y enriquece el don divino para que Cristo siga realizando su Redención a través de nuestra pobre humanidad.

"Dios, que es Amor, nos congrega en comunidad para compartir su misma vida. Esta vida nos la comunica el Padre en su hijo Jesucristo y el Espíritu la infunde en nuestros corazones. Por eso, reunidas en el nombre del Señor, nos comprometemos a vivir un mismo ideal evangélico como signo visible de la vida trinitaria y de la presencia de Cristo entre los hombres.

La Comunidad

Nuestra comunidad pretende ser una expresión de la comunidad del Padre con el Hijo en el Espíritu Santo. Así, nuestro amor fraterno y nuestras relaciones personales, quieren ser un reflejo del Amor y de la Comunión que existe en el seno de la Trinidad"    (Constituciones 38.39)

Es, en definitiva, vivir en íntima relación con el Dios que nos ha consagrado y en comunión fraterna con toda la familia humana, dedicándonos de manera especial a hacer el bien y llevar la liberación de Jesucristo  a la juventud necesitada.

CONSAGRADAS PARA LA LIBERTAD

El Dios cristiano no es un Dios solitario ni un Dios para sí mismo: es un Dios familia y un Dios para los demás. Es Dios Amor porque es Padre, Hermano, Amigo. Y es un Dios de Libertad: Dios del perdón y de la liberación. Por ser Amor ha optado por los pobres y oprimidos de este mundo. 

Este Dios se ha comunicado haciéndonos participar de su misma Vida. Esto es lo que nos ha revelado Jesús de Nazaret, el Cristo. Y todo cristiano está llamado a reflejar en su hacer y en su ser la misma vida de Dios con todos nuestros hermanos allí donde estén. Con esta misma misión, para realizarla sin condiciones, desde nuestro ser cristiano, las Hermanas trinitarias somos enviadas a las jóvenes más necesitadas.

Un modo de ser

La espiritualidad es un DON que impregna nuestro modo de ser y de hacer, de orar y de vivir. Esta identidad propia nos lleva a vivir en fraternidad para alabar a Dios y encarnar su misterio de Redención en el mundo de la juventud. Este don es como un sello que Dios pone en nuestros corazones, donde está impresa su imagen trinitaria. Para que este don realice lo que significa, debemos vivir íntimamente unidas a Él.

 

Un modo de hacer

La espiritualidad trinitaria se consuma cuando, apasionados por Dios Amor y por sus hijos todos, se dedica la vida entera a servir humildemente a los más necesitados. 

"Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, peregriné y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, preso y vinisteis a verme... Cada vez que hicisteis esto a uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis".

Un modo de vivir

 Al consagrarnos especialmente a la Santísima Trinidad, nos comprometemos a vivir con radicalidad el Misterio de Dios. Esto significa que nuestro culto a Dios ha de desplegarse en la vida de Comunión y en la misión redentora-liberadora con la juventud.

En la vida cotidiana esta liberación es no estar sometido a ningún poder opresor, es ser libre para celebrar la vida, cuidarla cuando está amenazada o maltratada, buscar a quien se ha perdido, acercarse a los alejados, acoger sin condiciones, perdonar siempre, consolar, animar, orientar a quien no tiene consuelo, está desanimado, se siente desorientado. Es vivir con la juventud en familia, y ser familia abierta, dar alimento y vestido y comer juntos el Pan de la Vida.

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