|
|
Las Hermanas Trinitarias de Madrid fuimos fundadas por Francisco Méndez y Mariana Allsopp el 2 de febrero de 1885 en la capital de España. El fin de esta fundación fue crear una familia religiosa dedicada a amar a la juventud y estar presentes en el camino de sus vidas cuando las circunstancias y condiciones precisan de personas generosas que desinteresadamente acogen, alientan y acompañan.
Fue intención de los fundadores que las trinitarias nos caracterizáramos por la incondicionalidad en la entrega a la juventud y que predicáramos, con palabras y obras la liberación que Cristo trae a todos los necesitados. El perdón, la acogida y la confianza sin límites en las posibilidades de los jóvenes, son los rasgos que han de identificarnos como trinitarias y a todos nuestros proyectos.
Los grandes cambios producidos en España en la sociedad de finales del siglo XIX afectan seriamente a las condiciones de la juventud de aquella época e hizo clamar por una institución que, formada por personas llenas de Dios y amantes del Evangelio, se dedicaran a acoger sin condiciones a las jóvenes que iban a las grandes ciudades en busca de un futuro mejor y que sólo encontraban puertas cerradas.
La obra era difícil y arriesgada, utópica o imposible para los ojos de este mundo, por lo que las primeras trinitarias tuvieron que escuchar duras críticas, padecer persecución y confiar mucho en el Señor, ya que de Él era la obra que llevaban entre sus manos.
En sus ciento quince años de historia, la Congregación de Hermanas Trinitarias de Madrid ha seguido abriendo puertas de esperanza en diversos lugares del mundo para la juventud que busca realizarse y que sólo encuentra dificultades.
Los retos actuales no son menos difíciles y arriesgados que lo fueron en los orígenes, pero la fuerza de Dios anima los nuevos proyectos. El mismo Espíritu que iluminó y alentó a los fundadores, ilumina y alienta a las Trinitarias del siglo XXI para que sigan siendo fieles a Dios y a la juventud necesitada de la liberación de Jesucristo.
Siglo XIX: "El pueblo vivía en tinieblas"
El triunfo de la revolución liberal en España, en pleno corazón del siglo XIX, transforma profundamente la sociedad española. Se inicia la secularización progresiva del Estado y se incorpora a la vida social los últimos avances de la ciencia y la técnica, a la vez que florecen la literatura y el arte. Sin embargo, es uno de los momentos de mayor inestabilidad política, social y religiosa.
"He escuchado el clamor de mi pueblo"
El progreso de la industria acelera la acumulación del capital en manos de unos pocos y las diferencias sociales se agravan: los ricos se enriquecen y los pobres son condenados a la miseria. Las ciudades industrializadas se convierten en el corazón de un pueblo que busca un medio de vida que le permita subsistir. Hombres y mujeres del campo emigran a las grandes ciudades e inundan los andenes de las estaciones lanzados a la aventura de un futuro incierto que, en la mayoría de los casos, será el anonimato y el hambre. Muchos no tendrán otra salida que dedicarse al vicio, al robo o a la prostitución.
"He visto su opresión"
Las jóvenes venidas del campo a la ciudad, pobres e inexpertas, fácilmente caían en el infame tráfico de mujeres. Empleadas de hogar, vendedoras de periódicos y baratijas, eran marginadas totalmente de la vida social, del progreso industrial y cultural. Estas jóvenes, por su condición de pobres y de mujeres, eran doblemente marginadas y explotadas.
Las víctimas de la prostitución y de la trata de blancas eran el desprecio de aquella sociedad tan puritana como injusta que progresa sin entender el núcleo del verdadero desarrollo: la dignidad de la persona humana. Muchas jóvenes maltratadas e indefensas, claman por su liberación y esperan un rayo de luz que les abra las puertas de un futuro digno y feliz.
"Yo te envío para que saques a mi pueblo de la esclavitud"
"1885: Y el pueblo vio una inmensa luz"
El grito callado e impotente de los más débiles, encontró eco en el corazón de Dios. Él envía un puñado de hombres y mujeres que, con la lucidez del Evangelio serán portadores de la luz que saca de las tinieblas. Francisco de Asís Méndez Casariego y Mariana Allsopp G. Manrique fueron enviados de Dios para sacar a su pueblo de la opresión y mostrarles el camino de la liberación. Sus caminos se cruzan en 1882; desde entonces van a quedar unidos por una pasión: La pasión de Dios por la juventud necesitada. Esta pasión se va a realizar en dos grandes proyectos:
Rescatar y rehabilitar en su dignidad a las jóvenes abandonadas y humilladas; y prevenir los peligros para la dignidad humana a la juventud que busca su realización y no encuentra quienes les apoyen en su búsqueda.
Se abre una puerta de esperanza
El dos de febrero de 1885 se abre una puerta de esperanza a las jóvenes pobres de la ciudad, sirvientas, vendedoras de periódicos y baratijas y a las jóvenes que vienen del mundo rural a la ciudad en busca de trabajo o promoción y caían en manos de negociantes sin escrúpulos.
En una casa alquilada del paseo del Obelisco se abría la primera puerta de este Instituto. La primera comunidad cuenta con seis jóvenes, que pusieron su confianza en Dios a pesar de las muchas dificultades. La obra era difícil y arriesgada, utópica o imposible para los ojos de este mundo, pero las primeras trinitarias tenían en sus ojos una nueva luz, la del Espíritu.
A quienes preocupaba más el vicio que la injusticia, la inmoralidad que la misericordia, decía que era imprudencia el que unas mujeres sin más armas que las de Dios, salieran a los lugares de esclavitud para anunciar la Buena Nueva de Jesús y acoger a quienes sufrían tantos desprecios o estaban en peligro. Aquellos hombres y mujeres llamaron a las primeras trinitarias "las locas del Obelisco", así como las mismas mentalidades llamaron loco a Jesús de Nazaret. Sí, locas, pero por su Dios y no más que su maestro.
"Y Dios sigue viendo la opresión de su pueblo"
Siglo XX: La obra se extiende
La semilla del Reino que Dios plantó en la historia, como un granito de mostaza creció, floreció y dio gran fruto, haciéndose un hermoso árbol en el que podemos leer el Evangelio encarnado en la Historia.
La obra, iniciada en el paseo del Obelisco de Madrid, se extiende de día en día. Si aumenta el número de jóvenes en la casa, aumenta también el número de trinitarias. A los trece años de la fundación hay ya 107 hermanas y 353 jóvenes, distribuidas en cuatro casas. El 11 de abril de 1901 el Papa León XIII da la aprobación pontificia del Instituto y de las Constituciones. Este hecho supuso un nuevo impulso; surgen nuevas fundaciones.
Dios la lleva adelante
La acogida se lleva a cabo creando nuevos hogares; la liberación por medio de la formación y del trabajo. Para enseñar un oficio que ayude a la juventud a desarrollar sus cualidades y ganarse la vida dignamente se crean talleres: bordado de oro y seda, imprenta y encuadernación, chocolatería, jabonería, planchador, zurcido, tejido y confección de género de punto.
Desde los comienzos visitan los hospitales donde hay jóvenes enfermas a causa de la "mala vida" en la que han caído; se frecuentan las estaciones y se las busca en la calle o en centros donde están esclavas.
A pesar del apogeo y esplendor que la fundación estaba adquiriendo, no faltaron los momentos difíciles y la persecución; pero Francisco y Mariana tenían la certeza de que la obra era de Dios y que Él la llevaría adelante. La divulgación de los Boletines, elaborados en los talleres de imprenta, era un medio para dar a conocer la labor desarrollada, buscar trabajo y bienhechores que la favorecían y un medio excepcional para la extensión de la Misión.
En 1924, año en que muere el padre Méndez, se habían fundado doce casas. En 1925 las Trinitarias cruzaron el mar y llegaron a México, tierra natal de madre Mariana. Cuatro años más tarde se funda en Argentina. Cuando muere madre Mariana el Instituto cuenta con dieciséis casas en cuatro países. Cuando en 1978 se funda en Mexicali, ciudad fronteriza con Estados Unidos, estamos presentes en seis naciones: España, México, Argentina, Uruguay, Italia y Colombia. Actualmente contamos con treinta casas en cinco países.
Una nueva época
Desde la muerte (en 1933) de madre Mariana hasta 1965, año en que se clausura el Concilio Vaticano II, el Instituto ha pasado por diversas vicisitudes y persecuciones. Con la celebración del Concilio comienza una nueva etapa: un largo camino para escrutar los signos de los tiempos y encarnar el carisma originario en la nueva sociedad que está naciendo.
En las últimas décadas cambia el "perfil" de la juventud a velocidades vertiginosas, fruto de los cambios socio-políticos y religiosos, del nuevo uso de los Medios de comunicación, de los cambios en el sistema educativo, etc.
Al mismo tiempo que se hace el esfuerzo por una auténtica renovación interior, se trabaja por modificar estructuras y adaptar las casas y los proyectos de Misión a las nuevas necesidades de la juventud. Volviendo a las fuentes se inician experiencias en nuevos campos apostólicos: Orientación y Acogida en Estaciones, nuevos Centros de Acogida para jóvenes en proceso de rehabilitación y excarceladas, residencias de jóvenes trabajadoras y estudiantes, transformación de talleres en Escuelas profesionales y después en Institutos de secundaria, Bachillerato y Ciclos formativos, experiencias de misión con la mujer indígena, trabajo con "niños de la calle", trabajo con jóvenes inmigrantes y diversas obras y proyectos en colaboración con otras instituciones.
Algunos de los nuevos proyectos son más significativos que representativos, pero reflejan una honda inquietud por seguir respondiendo al don del Señor que hoy sigue llamando y enviando a seguidores de Jesús para anunciar y realizar su Liberación entre la juventud tan necesitada.
![]()