¿QUÉ JÓVENES?

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Parece que ninguna otra generación ha sido tan autónoma ni ha estado tan preparada y sin horizonte alguno a la vista. Esta es su ventaja y su riesgo. De ahí que algun@s dirijan empresas y ocupen altos cargos rozando los treinta años, y otr@s muchos traspasen esa edad descolocad@s. Todo se juega en el tránsito de la adolescencia a la vida adulta: en la edad de la juventud.

En nuestra situación sociocultural se dan unos RASGOS que dificultan el proceso de crecimiento y maduración de l@s jóvenes y marcan su realidad personal:

  • El paro, "matador de ilusiones", que suscita miedo, inquietud, desasosiego y desesperanza.
  • El ocio y el consumo, que hace a la juventud más vulnerable, centrada en el dinero y el pasarlo bien, fácil de manejar y de utilizar, marioneta del placer y de la manipulación de los medios de comunicación.
  • Subjetividad, dejándose arrastrar por los sentimientos y provocando confusión en la expresión de la afectividad, desvinculando el sexo y el amor y perdiendo el sentido profundo del otro como persona.
  • Crisis de modelos de identidad. Los modelos sociales son triunfadores en el trípode de dinero-sexo-poder, produciendo jóvenes con una identidad imperfecta y frágil con el consiguiente estado de indecisión e inseguridad continuos.
  • Individualismo. Por un lado buscan autonomía e independencia y por otro lado tienden a ser dependientes del ambiente sociocultural. Se sienten superflu@s en el drama de la vida y en la construcción de la sociedad.
  • El presentismo dificulta proyectos a largo plazo y la necesidad de vivir el momento a tope, sin diferir el gozo de lo deseado en cada momento.
  • Las drogas es el recurso fácil para llenar el vacío, calmar la insatisfacción y escaparse de cualquier conflicto.
  • Surgen los conflictos en la familia, que es la célula fundamental de la sociedad y está en crisis. No se encuentra el equilibrio entre un clima de paz, amor y libertad y la salvaguarda de los valores y normas. La familia deja de ser cuna de ideales y utopías y de valores auténticos, se potencia más bien como estructura formal.
  • La ausencia de límites. Todo límite es entendido como una imposición arbitraria ordenada por los mayores. Fruto de la excesiva permisividad es la incoherencia y el relativismo ético; valores como la autoridad, el esfuerzo, la superación personal, la fraternidad cotidiana y la responsabilidad han quedado postergados a un segundo plano.
  • Concepción utilitarista del trabajo, que hace que l@s jóvenes proyecten su futuro en función de intereses estrictamente personales; se elige una profesión sin pensar en su aportación a un mundo mejor, ni siquiera en la realización personal sino en el dinero y la comodidad que le puede aportar.
  • Falta de sentido de la vida. No tienen un por qué ni un para qué que oriente sus vidas, que les llene de ilusión y sentido, algo por lo que merezca la pena arriesgarse.
  • Vacío espiritual, pues no importa tanto el ser como el tener y el hacer. Estamos en una sociedad huérfana de lo eterno, de lo duradero, de lo permanente; falta el sentido de la existencia.
 

A este perfil general que bien puede definir a la gran mayoría de la juventud actual, hay que unir las situaciones de pobreza, desigualdad, prostitución, drogadicción, familias rotas, que se constituyen en caldo de cultivo de la delincuencia juvenil y la marginación.

A la juventud marginada se le presenta en los medios de comunicación y el consumismo un mundo inalcanzable, lo que les hace conscientes de su situación de desventaja y les mueve a conseguir aquello a lo que tiene derecho a cualquier precio. Detrás de estas situaciones existe una profunda injusticia que impide que tod@s l@s jóvenes tengan la posibilidad de acceder a los bienes básicos para su formación y crecimiento integral.

L@s jóvenes están desorientad@s  pero no desesperad@s. El problema más grave de la juventud es quizás la sociedad éticamente neutra donde les ha tocado vivir. La situación actual revela apremiantes interrogantes sobre el sentido de la vida, confirmando el hecho de que nada ni nadie puede ahogar en el ser humano la búsqueda de sentido y el deseo de encontrar la verdad. En nuestra juventud encontramos importantes valores positivos.

L@s jóvenes se presentan a sí mism@s más tolerantes y dialogantes que generaciones anteriores, aceptan el pluralismo y buscan un clima afectivo y acogedor donde puedan comunicarse y ser escuchad@s.

Pretenden ser creativ@s, rechazan la autoridad; no aceptan lo que se les da hecho y organizado y desean ser ell@s mism@s.

Tienen gran sensibilidad e inquietud ante los problemas que les rodean y están abiert@s al tema de la justicia social, de la libertad, de la paz y de la igualdad.

Son sincer@s y espontáne@s, tienden a corregir las desigualdades entre sexos, tienen menos prejuicios sociales.

Tienen un importante sentido lúdico de la vida y carácter festivo, que también desarrollan especialmente en el grupo, con un talante alegre ante la vida.

Centran en el grupo sus posibilidades de realización, de libertad y protagonismo; dentro de él comparten, se muestran generos@s y desarrollan un cierto sentido de gratuidad.

Anhelan seguridad y ser protagonistas de sus vidas, luchan por la autonomía y la libertad, al margen de todo poder exterior.

La juventud es crítica e inconformista con la realidad que le rodea. Exige a los adultos autenticidad y coherencia. Dan más importancia al testimonio que a las palabras y a las creencias. Apuestan por una sociedad más humana.

Son pacífic@s y solidari@s, y se muestran abiert@s a temas relacionados con la fraternidad, la amistad, el pluralismo, el respeto, la defensa de la naturaleza. 

L@s jóvenes anhelan valores definitivos, la libertad, la felicidad y el Amor verdadero.

LA EDAD DE LA JUVENTUD

 

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