LA INSPIRACIÓN EN LOS FUNDADORES

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El día diez de enero de 1884, viéndome muy afligida el padre Méndez, me escuchaba con paciencia, y ...

Los siguientes textos, conocidos como "Documentos fundacionales" son fruto del Encuentro que el Padre Méndez y Madre Mariana tuvieron el 10 de Enero de 1884, cuando ella, "llevada por el Espíritu", le confiesa al Padre Méndez sus inquietudes, y el fundador, "inspirado por Dios", le comunica a Mariana lo que Él le venía pidiendo desde hace algunos años, pero sin saber él cómo podría llevarlo adelante. En el primer texto el padre Méndez cuenta que esta idea es una inspiración que recibió del Señor. En el segundo madre Mariana cuenta cómo prendió en ella la inspiración, y cómo ha percibido la nueva fundación. Ambos escritos los obtenemos de la mano de Mariana, que ella misma redactó en los primeros capítulos de la historia del Instituto:

En el año 1882 conocí al padre Méndez, siendo director en las escuelas dominicales a las cuales yo pertenecía, y también le trataba en la escuela católica de la parroquia de Santiago. El fervor y celo apostólico de este sacerdote eran extraordinarios. En el 1883 yo me encontraba en una fuerte lucha interior, creía tener vocación religiosa y encontraba diversidad de pareceres entre las personas con quien consultaba. Un día, mi tía Concepción, que ignoraba lo que me pasaba, sin duda por inspiración divina me aconsejó  que me confesara con Don Francisco Méndez; fui y varias veces me confesé con él.

Llegó un día en que le comuniqué la causa de mi turbación: deseaba ser religiosa, sentía oposición grande a la clausura y buscaba algo que para mí no existía. Me encontraba como aquel que busca con avidez un tesoro y sin cesar pretende hallarlo. Entonces me dijo que visitara diferentes casas religiosas. En efecto, ocultamente de mi familia, pero siempre acompañada de personas de confianza, visité diferentes conventos, y nada de lo que veía me daba la fuerza suficiente como para tomar una resolución.

El día diez de enero de 1884, viéndome muy afligida el padre Méndez, me escuchaba con paciencia, y terminó por decirme estas palabras:

"Hija, hace seis años que Dios me inspira hacer una fundación donde sin condición alguna puedan ser acogidas todas aquellas jóvenes víctimas de sus extravíos, y que esta obra sea ensanche de los Institutos para fines análogos. Deseo que las hermanas que tomen parte en este proyecto traten de moralizar a las jóvenes, y de rescatarlas para una vida nueva, para lo cual es necesario establecer una casa que tenga LA PUERTA SIEMPRE ABIERTA, tanto de día como de noche, y que se denomine PUERTA DEL CIELO.

Deseo que se acoja a las que están en peligro, a las que vienen de los pueblos a la gran ciudad buscando trabajo o promoción, sin tener conocimiento de las redes que hay en las grandes ciudades, siendo a veces víctimas de personas que bajan a buscarlas a las estaciones, engañándolas, y son causa de las mayores desgracias. Esto podría evitarse si hubiera quienes las acogieran sin condiciones ...

Conforme el inspirado padre me hablaba, se descorría un velo ante mis ojos y mi corazón palpitaba de consuelo. Cuando terminó de hablarme, sin vacilar contesté:

"Yo tomaré parte en esa fundación"  

Comprendí perfectamente lo que el Señor quería de mí desde aquel afortunado momento. Bien podemos decir que llegó la hora de que el Señor uniera los sentimientos y deseos. Me indicó después que escribiera lo que yo deseaba y lo hice en la siguiente forma:

"Me gustaría comenzar humildemente esa fundación, y que todas las que formaran parte de ella deberían privarse aún de lo que fuera necesario antes de despedir a las que a la puerta llamaran, como así mismo a las que se encontraran en peligro, sea cual fuere la causa, y a aquellas que no puedan ganarse su vida por medio del trabajo. Esto, indudablemente aumentaría los gastos, pero la caridad que haya de ejercitarse con unas y la paciencia con otras agradará a Nuestro Señor ¡Es tan triste para cualquier persona verse despreciada por falta de salud, de atractivo o por cualquier defecto! Frecuentemente oigo decir que aquellas personas que permanecen muchos años en el vicio tienen el corazón insensible a todo sentimiento religioso o bueno. Pero ¿no será la causa de esto que sabiendo que no son fácilmente recibidas permanezcan en su estado? A pesar de dudar del éxito, yo las acogeré no pensando en lo que fueron sino en lo que pueden llegar a ser".

 

Inútil creo expresar los sentimientos que mi alma albergaba; el primero de un gozo indecible; el segundo de temor al ver el sinnúmero de dificultades que ante mi vista se ponían. Pero pronto descubriría que no estaba sola. Dios estaba haciendo sus obras en mi.

Mariana Allsopp 

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