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Las Hermanas Trinitarias participamos de la Misión profética de Jesús. Como Él tenemos que anunciar el Evangelio con obras y con palabras, con el testimonio de la propia vida y con el anuncio de la libertad a los cautivos. Este anuncio es Buena Noticia para todos los necesitados. La juventud pobre y oprimida son los primeros en la Misión de las Hermanas Trinitarias.
El origen de la Misión liberadora está en Jesús. En Él, Dios, que es Amor, se despoja y asume la naturaleza humana. Padece la condición de sus hermanos hasta morir en cruz y así nos revela la Liberación definitiva. La liberación es el anuncio del Reino de Dios hecho desde el testimonio de la propia vida y el poder de la palabra, y la denuncia de todo sistema de pecado que oprime y degrada al ser humano. Es un anuncio liberador, hecho desde el conflicto de la historia; por eso es Buena noticia para los oprimidos. Los pobres y los pecadores tienen que sentarse los primeros en el Banquete del Reino; los cautivos alcanzarán la libertad; los marginados irán por delante en el Camino de la Vida. Son los redimidos por Jesucristo los que juzgarán en el último día. Dios hace al ser humano a imagen y semejanza suya. En su andadura por el mundo todo hombre y mujer ha de realizarse a sí mismo según su dignidad de hijo de Dios, conduciéndose en libertad y responsabilidad hacia la plenitud que Él le otorga. El ser humano anda sometido a fuerzas contrarias que le limitan le prueban y le condicionan. Existen también fuerzas políticas, sociales y estructurales, que someten al ser humano. Es el pecado de la humanidad por el que unos hermanos esclavizan a otros, oprimen y maltratan, dejan morir en la miseria a los más débiles, y de hambre a los más pobres. Existen situaciones de pobreza y esclavitud que atentan constantemente contra la dignidad del ser humano. Cuando la humanidad cae en redes que oprimen y degradan su propia naturaleza, Dios sale a su encuentro; aunque el ser humano se caiga o se pierda, Dios, como un Padre, sale siempre a buscarlo para ponerle en el Camino. Una y otra vez le llama, le conduce, le levanta y anima, le libera y fortalece, le exhorta y le instruye, acompañándole siempre en el camino de su propia salvación. Envía profetas que son mensajeros de una Buena Noticia para los pobres y cautivos, y son heraldos de Jesucristo, testigos de su liberación, instrumentos para su salvación. La liberación de Dios alcanza su culmen en la Redención de la Cruz y la Comunión de la Eucaristía. Ambas realidades son una manifestación del extremo del amor y son el origen del Instituto y el fundamento de su vida y Misión.
Anunciar la liberación llevada a su plenitud en el perdón de Dios crucificado, y extender la Eucaristía a toda realidad cotidiana en la que participamos es la Misión de las trinitarias con la juventud.