El suceso escondido a nuestros ojos se manifestó hacia afuera por sus efctos: gran terremoto, revoloteo de ángeles que lo anuncian, piedra del sepulcro que salta, guardias que huyen... Y hombres y mujeres llenos de miedo que se hacen valientes: estaban recluídos, "muertos de iedo", y salen a la luz; no sabían hablar y dan testimonio público... El fracaso ya no paraliza, la huída se convierte en búsqueda, las tinieblas en luz.
También nosotros, como María Magdalena, y la otra María, como los discípulos, nos preguntamos: ¿Dónde está Jesús?
Desde entonces sabemos que no hace falta buscarlo muy lejos, ni se necesita leer grandes libros para descubrirlo: Jesús está con nosotros.
Está con los hombres y mujeres que tratan de vivir juntos, en paz y en armonía.
Un nuevo sentido nos lleva a vivir con alegría el amor al prójimo: sin reservas, sin condiciones, sin escusas. Una nueva luz acompaña a tantos testigos que desde lo escondido, en silencio muchas veces, pero irradiando la luz del resucitado, le dejan vivir en sus corazones, y dejan que conduzca sus vidas.
Sí, Cristo Resucitado está en los que aman de corazón, y viven con paz sus limitaciones, porque una fuerza mayor les hace ser levadura que transforma, y se sienten, sin saber cómo, fuertes en la debilidad.
Él está entre nosotros. Está con los que ayudan a los demás, con los que saben perdonar, con los que derraman bondad y compresión. Jesús resucitado está con todos aquéllos que luchan para que en este mundo haya más justicia, más dignidad, más respeto.
El domingo es el día del Señor, pues ese día festejamos su Resurección. Por eso, todos los domingos nos reunimos con las demás gente en la Eucaristía. No vamos a encontrarnos con un muerto ¡No! Vamos a encontrarnos con aquel que VIVE: Jesús. Y su Vida es para nosotros garantía de VIDA ETERNA.
En la Eucaristía nos reunimos todos, chicos y grandes, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, pobres y ricos. Y todos nos encontramos en Él. Pues ante Él lo único que cuenta es el amor que hay en nuestro corazón, y la fe que nos mueve a creer en su presencia transformadora, y en su promesa patente también en los hermanos.
La resurección de Jesús nos confirma la esperanza en un mundo nuevo. Un Amigo llamado Jesús está con nosotros y para siempre....
Ésta es nuestra mayor alegría.