Cecilia Araya

 

Evangelio de Juan 20, 11-18

"María Magdalena se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesta y yo iré a buscarlo”. Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo “¡Raboní!”, es decir, “¡Maestro!”. Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras".

 

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- -- -- -¿QUÉ BUSCAMOS? - - -- -- ¿A QUIÉN BUSCAMOS?

Es siempre Él, quien toma la iniciativa, Él va a nuestro encuentro, Él habré nuestras puertas. Nos sorprende y conmueve, nos da la mano, nos levanta y nos da la capacidad de mirar, ver, saber, y sentir que en la Resurrección nuestro ser experimenta un proceso de Gloria...

Con Jesús salimos, acortamos distancias, nos descubrimos Hermanos... Puedo ofrecer la mirada de Amor que él necesita...

Queridos Amigos, es importante encontrar los sentimientos y actitudes, y las palabras para transmitir la Buena Noticia. Para un anuncio tan grande y tan personal a la vez, hace falta una preparación, y ésta consiste precisamente en nuestra manera de mirar a aquel a quien nos acercamos. Es preciso que quien nos mire pueda leerlo en nuestros ojos, sin fingimiento ni rutina, que vea en nosotros la mirada llena de asombro con que lo contemplamos. Este "asombro" es consecuencia del mirar desde la perpectiva de Jesucristo, ya que al mirar con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas, pues puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita.

El Señor Resucitado nos ayude a todos con su gracia para que en este mundo donde frecuentemente nos sentimos desamparados, ignorados, utilizados o excluidos podamos "dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir" (DA 365) como Él mismo lo hizo.

(Sergio. A. Fenoy Obispo de San Miguel)

 

¿ Por que buscamos entre los muertos al que está vivo?

El hecho de la resurección de Cristo se constituye en escándalo y el pensamiento humano busca salir de él con explicaciones también humanas.

Las diversas hipótesis y teorias propuestas como alternativas al hecho de la Resurrección terminan apagándose o simplemente derrumbándose por contradicción interna. Sólo queda en pie el sencillo, fuerte y contundente relato evangélico: "No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no esta aquí." (Mt16,6) y el reproche a todo intento explicativo ajeno a esta realidad: " Miren el lugar donde lo habían puesto. vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho". (Mt 16,6-7).

Hay, sin embargo, en nuestra conciencia, un estado de perplejidad que, sin negar explícitamente por medio de alguna teoría el hecho de la Resurección, con todo se paraliza y se resiste a aceptarlo. Tal estado del alma nos introduce por los caminos de la cavilación y la duda configurando un verdadero temor que nos impide creer. ¿Acaso miedo a la verdad? No, simplemente miedo a la alegría. Así fue la primera experiencia de los discipulos la tarde de la Resurección:" Era tal la alegría y la admiración de los discipulos, que se resistían a creer"(Lc24,41) El estupor, la admiración y la alegría que produce el encuentro con Jesucristo Vivo puede tentarnos y llegar a paralizarnos provocando una resistencia a la fe. Es tan maravillosa esta realidad que nos parece más seguro "andar con calma", " no apurar las cosas" como nos aconseja el sentido común mundano o, sencillamente como Tomás, extremar las precauciones probatorias, (Jn 20,25). La humildad del pobre, sencillo, del niño, del que se ajusta a la objetividad de la historia, del que escucha la Palabra y la practica, en cambio, se deja colmar por la alegría de la gran gratuidad de la historia: Cristo ha Resucitado.

Card. Jorge. M. Bergoglio