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Cecilia Araya

Tiempo de Cuaresma

Es tiempo de pararnos en el camino para ver si estamos desviándonos de Él. Aquí es donde se nos presenta en nuestras vidas un desafío.

Es un tiempo para reflexionar, convertirnos y pedir perdón. Pero nada de ésto se puede hacer sin contemplar nuestra realidad. Vislumbramos a lo lejos un horizonte de luz: es el momento propicio en el que hacemos un giro en nuestro camino para salir de las tinieblas a la luz.

Una luz que es el encuentro mismo con Dios. Un Dios que mira al hombre, sana y se dá, recreando un Espirítu firme, un corazón puro y nuevo: renovando una Fé más limpia. Aquí es donde nos damos cuenta que no todo está perdido sino que queda mucho por hacer, un largo camino. Es donde la palabra de Dios se va interiorizando en lo más profundo de nuestro ser.

Porque Él mismo dice: "En tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé. Pues sepan que éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación" ( 2 Corintios 6, 1-2).

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Comencemos este tiempo poniendo nuestra mirada en Cristo, especialmente en su vida, porque Él sí sabía cual era el sentido de su vida y la ofreció para conseguirlo.

Este tiempo es donde Dios quiere obrar, donde Dios quiere actuar en lo más ondo del corazón, aunque nos parezca que todavia no: falta llegar, Dios nos sorprende con el inicio de la Cuaresma. El Señor se quiere manifestar en nuestra Vida. En nuestros Hermanos y Hermanas.

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Convertirnos para "ver"

 

 

Amigos: para encontrar nuestra paz interior a través del perdón y la misericordia de Dios debemos cambiar, transformarnos, convertirnos. No es fácil. Ya que el Señor no mira la apariencia, simplemente ve la sencillez y la humildad del corazón del hombre. Mira la fe con que se busca la Gracia.

Es decir: más allá de los conceptos humanos, si nuestro corazón está arrepentido y busca la gracia de Dios, Él nos brinda su perdón. Todo aquel que se acerca a Jesús debe estar dispuesto a "lavarse", a purificarse, a sacarse de encima todo aquello que le impida "ver" y vivir mejor. Ésto, justamente, es lo que Jesús quiere decirnos. A veces, creemos ver, pero hay muchas cosas que lo impiden y que no nos permiten salir de la oscuridad y descubrir la luz necesaria para encontrar nuestra paz interior.

¿Qué nos hace ciegos? Nuestra manera de ser, nuestro orgullo y vanidad; la "bronca" y el resentimiento nos impiden ver las cosas con claridad. Esta es la ceguera que hoy debemos "convertir", para ser hijos de Dios.

En este tiempo de Cuaresma tenemos una hermosa misión: analizar cómo vemos el mundo que nos rodea y cómo nos vemos a nosotros mismos, sobre todo, tratar de liberarnos de nuestra ceguera, purificando nuestra vida con la gracia de Dios.

Alcancemos la conversión para llegar a nuestra verdadera felicidad.

Javier Echevarría

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