Diálogo
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PENSAMIENTOS
Cecilia Araya Claves para dialogar Una cosa es conversar, charlar horas y horas. Otra es dialogar. Hoy se ha vuelto muy común discutir sobre distintos temas, pero el diálogo se transformó en una cosa rara. Para poder dialogar hace falta desarrollar algunas actitudes profundas y sinceras. Por ejemplo, el hábito de estar atento al otro para poder interpretarlo. Se trata de una atención afectuosa y que valore su persona. Es la convicción de que todos tienen algo para aportar, porque poseen otra experiencia de la vida, porque miran desde otro punto de vista, porque han desarrollado otras inquietudes y tienen otras habilidades e intuiciones. También se necesita la capacidad de hacer "silencio interior" para escuchar al otro sin ruidos en el corazón o en la mente. Es una amplitud mental, para no encerrarse obsesivamente en unas pocas ideas, y flexibilidad para poder modificar o completar las propias opiniones. Es posible que de mi pensamiento y del pensamiento del otro pueda surgir una nueva síntesis que nos enriquezca a los dos. Pero no bastan las palabras. Hace falta tener gestos de preocupación por el otro. El amor supera las peores barreras, y cuando se puede amar a alguien, o cuando nos sentimos verdaderamente amados por él, logramos entenderlo mejor. En este diálogo que busca un encuentro profundo, hay que recordar que la unidad a la que hay que aspirar no es uniformidad, sino una "unidad en la diversidad", o una " diversidad reconciliada". En ese estilo enriquecedor de comunión fraterna, los diferentes se encuentran, se respetan y se valoran, pero manteniendo diversos matices y acentos que enriquecen el bien común. La práctica del diálogo es un hermoso ejercicio de amor y de apertura. Si nos atrevemos a dialogar, aunque a veces nos cueste, terminaremos contagiando a otros con este estilo de convivencia y ayudaremos a crear una sociedad mejor. Víctor.M. Fernández
Siempre hay algo nuevo..... Se puede hacer el bien escuchando a alguien sin mirar el reloj, dedicandole tiempo. Se puede transmitir con un beso, con un apretón de manos, con una llamada de teléfono, con la atención que necesita un compañero de trabajo que llega una mañana con expresión de preocupación o tristeza. Se puede demostrar con un gesto, con una carta enviada a tiempo, con unas palabras de aliento. Quizás no seamos capaces de apreciar el consuelo que producimos con una actitud de cariño y comprensión a quienes están mal. Demostrar interés por alguien que sufre a nuestro lado es regalarle un poco de esperanza y compañía, y para eso, sólo es necesario el sentido noble de quien olvida las penas propias para ponerse en el lugar del prójimo. Edith Wharton |
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