"Más valen dos que uno solo, porque su esfuerzo será más productivo. Si se caen, uno levantará al otro. Pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante". (Ecl. 4, 9-10).

 

Diálogo

No cabe la menor duda, que el diálogo es el arte de comunicarnos con las personas, diciendo lo que sentimos y pensamos.

No cabe duda, que es un vínculo recíproco, activo, cambiante que permite y exige que utilicemos palabras, silencios, gestos o actitudes para transmitir al otro, su propio y especial yo, y recibir también especiales respuestas de las otras personas.

Resulta interesante destacar qué fácil y humano es considerar que conceptos como diálogo, conversación, encuentros, comunicación constituyen los pilares que sustentan las relaciones humanas.

Pero frecuentemente, nos encontramos con gran cantidad de confusiones, enojos, equívocos, enemistades y comprobamos que la falta de comunicación, de diálogo son las principales causas de destrucción de las relaciones humanas.

La falta de tiempo, la falta de sinceridad, de confianza, la indiferencia, anulan el diálogo y afectan lamentablemente las relaciones entre las personas.

Si deseamos amarnos los unos a los otros, superar la soledad y compartir nuestra vida diaria con alegría y paz, debemos reconocer el valor del diálogo como base para profundizar las mejores relaciones entre las personas.

 

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PENSAMIENTOS

 

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Cecilia Araya

 

Claves para dialogar

Una cosa es conversar, charlar horas y horas. Otra es dialogar. Hoy se ha vuelto muy común discutir sobre distintos temas, pero el diálogo se transformó en una cosa rara.

Para poder dialogar hace falta desarrollar algunas actitudes profundas y sinceras. Por ejemplo, el hábito de estar atento al otro para poder interpretarlo. Se trata de una atención afectuosa y que valore su persona. Es la convicción de que todos tienen algo para aportar, porque poseen otra experiencia de la vida, porque miran desde otro punto de vista, porque han desarrollado otras inquietudes y tienen otras habilidades e intuiciones.

También se necesita la capacidad de hacer "silencio interior" para escuchar al otro sin ruidos en el corazón o en la mente. Es una amplitud mental, para no encerrarse obsesivamente en unas pocas ideas, y flexibilidad para poder modificar o completar las propias opiniones. Es posible que de mi pensamiento y del pensamiento del otro pueda surgir una nueva síntesis que nos enriquezca a los dos.

Pero no bastan las palabras. Hace falta tener gestos de preocupación por el otro. El amor supera las peores barreras, y cuando se puede amar a alguien, o cuando nos sentimos verdaderamente amados por él, logramos entenderlo mejor.

En este diálogo que busca un encuentro profundo, hay que recordar que la unidad a la que hay que aspirar no es uniformidad, sino una "unidad en la diversidad", o una " diversidad reconciliada". En ese estilo enriquecedor de comunión fraterna, los diferentes se encuentran, se respetan y se valoran, pero manteniendo diversos matices y acentos que enriquecen el bien común.

La práctica del diálogo es un hermoso ejercicio de amor y de apertura. Si nos atrevemos a dialogar, aunque a veces nos cueste, terminaremos contagiando a otros con este estilo de convivencia y ayudaremos a crear una sociedad mejor.

Víctor.M. Fernández

 

 

Siempre hay algo nuevo.....

Se puede hacer el bien escuchando a alguien sin mirar el reloj, dedicandole tiempo.

Se puede transmitir con un beso, con un apretón de manos, con una llamada de teléfono, con la atención que necesita un compañero de trabajo que llega una mañana con expresión de preocupación o tristeza.

Se puede demostrar con un gesto, con una carta enviada a tiempo, con unas palabras de aliento.

Quizás no seamos capaces de apreciar el consuelo que producimos con una actitud de cariño y comprensión a quienes están mal.

Demostrar interés por alguien que sufre a nuestro lado es regalarle un poco de esperanza y compañía, y para eso, sólo es necesario el sentido noble de quien olvida las penas propias para ponerse en el lugar del prójimo.

Edith Wharton