La parábola sobre el sembrador ( Lc 8, 5- 15 ), es un llamado muy fuerte a la reflexión para cada uno de nosotros.
En esta parábola jesús va nombrando los distintos lugares donde fueron cayendo las semillas.
Quiero hablar de un Amor infinito, Amor que abre sus brazos de acogida .
El borde del camino es una realidad donde no hay ambiente para que la semilla pueda crecer. Cuando viajamos miramos el paisaje al borde del camino pero generalmente no lo vemos, no lo registramos, no le damos importancia. Así puede suceder con la palabra de Dios en nuestra vida, no la tomamos con seriedad, no le damos la debida importancia, la tomamos con superficialidad, como un cuento. Por eso es arrebatada con facilidad, para que no crean y se salven.
Las piedras, son como el asfalto, impenetrables e impermeables. La Palabra no tiene ninguna posibilidad de germinar, menos de crecer, porque es un corazón cerrado, endurecido, incapaz de amar a Dios, ni al prójimo. Es la gran ciudad son muchas las prisas, que uno no se detiene a mirar a las personas.
Entre espinas, es alguien que tiene deseos sinceros de ser un buen cristiano, de convertirse y vivir una vida según la voluntad de Dios, pero no se preocupa en cuidar la palabra recibida, no rechaza las tentaciones cotidianas, corre detrás de las riquezas, no observa una higiene espiritual para preservar la gracia. Es decir no presta atención a la música que escucha, a los programas que mira en la tv, no evita las conversaciones negativas, no selecciona las personas que lo rodean, no tiene vida de oración, entonces el buen deseo inicial de ser un buen cristiano se va ahogando y muere.
La tierra fértil es figura de los que escuchan y reciben la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto, la toman con seriedad, ordenan su vida según la voluntad de Dios, se dejan guiar por el Espiritu Santo, viven para Dios poniendolo primero en todo, en un espíritu de oración y adoración. Estamos llamados a ser sembradores de palabras de vida, de buenas palabras en nuestro entorno. Un proverbio dice: "Una sola palabra basta para destruir la dicha de los hombres".
Monseñor José Hazuda

"La fuerza de este anuncio de vida será fecundo si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. Invocamos al Espiritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercania afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos con valentía y confianza a la misión de toda la Iglesia".