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Cecilia Araya

Ete es un tiempo de anhelos, y sueños.Todo trae consigo la Esperanza. Nacen nuestras posibilidades. Es así que la comunidad   Parroquial   Santísima Trinidad, dio todo su apoyo para este viaje. El tiempo necesario, nace de la generosidad, para que esta Misión a Bolivia se realizara. Solucionar una necesidad radica no tanto en lo que recibimos, si no en lo que damos. Sólo dando se recibe y sólo amando nos sentiremos amados.

Misión a Bolivia

Cuando tomé rumbo al destino tan esperado, no entendía lo que mi corazón sentía, una mezcla de incertidumbre con ansias de llegar y miedo al enfrentarse a una desconocida cultura. Lo que estaba segura era del amor de Dios y su cuidado, me entregué completamente a sus manos y deje que Él actuara, solo soy un instrumento suyo.

Al llegar y ver la gente, sus hogares, la ciudad, sentir los olores y calor de un sol de un invierno frío, me di cuenta que Dios me había regalado lo que mi cabeza imaginaba y deseaba conocer, era todo perfecto. Me sentí muy cómoda con la comunidad, y junto a mi compañero misionero, Enrique, había una completa armonía, y sentíamos ese amor de Dios que nos unía.

Nos unimos a los proyectos existentes de   la    fundación  Trinitaria en Sucre, como el CIMET y CECAJOC. También por la mañana íbamos a la guardería de las Hermanas Trinitarias, tuvimos charlas con la gente comprometida de la comunidad, brindamos todo nuestro conocimiento, que no es mucho y sobre todo nuestra experiencia, para motivarlos a que sean discípulos y misioneros.

Otra actividad que me marcó mucho fue la visita al Servicio Penitenciario, ya que pertenezco a la Pastoral  Penitenciaria en mi ciudad y me sentí muy feliz y me di cuenta que es una bendición que tenga como directora a una miembro de esta pastoral. Al entrar sentí que mi corazón iba a estallar, ver esas personas, mujeres con sus hijos fue muy raro, con el capellán, Enrique y una Hermana dábamos la merienda a los internos.

Como dije anteriormente nos unimos a los proyectos como CECAJOC, por el que no conoce es una casa donde viven jóvenes campesinos, donde asisten al colegio y tienen varios talleres. Estuvimos una semana con ellos fue muy lindo compartir cada momento, lo que me marco mucho fue que al principio les costo mucho abrirse hasta tener contacto con nosotros, ya que pensaban que éramos religiosos porque nunca habían visto jóvenes misioneros, y no entendían lo que hacíamos, dejar nuestras cosas, estudios, trabajo, familia, todo por el amor a El, entregamos apenas un mes al servicio y a llevar la Buena   Nueva , que para nosotros no nos cuesta dejar cosas cuando son de Dios, y nos gratifica y nos llena mucho más.

No queda mucho por decir, solo agradecer a Dios por darnos esta oportunidad de cumplir mi sueño, el de entregarme y misionar en tierras desconocidas. Gracias Señor por amarme, por llamarme a la vocación misionera, por hacerte presente en cada momento y sobre todo en el rostro de mi hermano.

Estoy muy feliz, y estoy totalmente segura que es solo el principio de un camino que se abrió.

Gracias por elegirme a emprender esta misión.

Micaela Quaino, 19 años, Villa, María, Córdoba, Argentina.

 

 

Bolivia

Mi nombre es Enrique Pratto, tengo 17 años y pertenezco a la   comunidad  Trinitaria de Villa María, Córdoba. Y así nace la "Misión " que emprendimos con mi compañera Micaela al país de los mas pobres...allí donde hay mucha sed de Dios, donde la realidad es diferente, muy dura. Donde pobres y ricos coexisten en un mismo lugar

Quiero comenzar contándoles el porque, no fuimos por que sí, fuimos impulsados por Alguien grande que nos llama a dar un paso más, a dar lo mejor de nosotros, fuimos a anunciar a ese Cristo vivo que nos ama...tuvimos algunas dificultades con la gente al principio ya que generalmente son personas de una cultura particular, muy cerrada, pero una vez de haberles mostrado confianza no hubo problemas... Principalmente trabajamos con Jóvenes, hermanos de la comunidad, niños y sus formadores, además de unirnos a las tareas que la    Orden    Trinitaria   tiene en aquel País, en la que se le asiste a los más pobres y excluidos de la sociedad.

A nivel personal, fue sin duda un experiencia hermosa que nunca voy a olvidar, en el cual superó mis expectativas en cuanto a riqueza que siempre deja una misión, y como pudimos comprobar siempre es el misionero el que termina misionando, uno queda con el corazón lleno de gratitud por haber recibido tanto de ellos.

Animémonos a gritar ¡¡Qué grande es el Señor!!

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