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Desde donde habito puedo contemplar hasta el universo, todo el que llega aquí siente ese cosquilleo, esa sensación de vértigo que provoca la libertad, el sentir el aire fresco en la cara y su pureza en los pulmones: se sienten parte de la madre tierra, que con tanta generosidad se da hasta el extremo.
Llevo muchos años en este lugar, he visto como la vida me rodeaba, desde el helecho más pequeño hasta el canto más insignificante de la chicharra y el más sublime del ruiseñor, todo a mi alrededor es vida, yo doy vida, en mi pueden hacer su hogar otros seres, puedo proteger del intenso calor al caminante y servirle de apoyo cuando las fuerzas van fallando. Muchos se han admirado de mi belleza otros la han despreciado, soy feliz siendo lo que soy un ÁRBOL MILENARIO.
He sobrevivido a grandes tempestades y tormentas, no me ha atacado ningún parásito que pudiera hacer peligrar mi vida, pero hoy me siento amenazado y ante esto no puedo hacer nada, me siento como un reo esperando la muerte, continuamente en alerta viviendo de sobresaltos; sé que el final se acerca; la vida del bosque esta agitada, todos vivimos vigilantes, tenemos miedo a perder nuestros hogares y nuestra vida.
No podría soportar que el color que me rodea, esos tonos verdes intensos dorados y ocres se tornasen negros y grises, el color de la muerte y el sin sentido.
Ya se augura lo peor, hoy el aire es pesado no tiene ligereza, mis ramas lo notan, no se sienten acariciadas por la pureza del aire, el ambiente esta cargado, el aroma no es el de siempre, huele a humo, hoy los pájaros guardan silencio, en mi interior la sabia se acelera, solo queda esperar.
Recuerdo todos los momentos de mi vida, en especial la caída de la tarde, cuando el sol se va ocultando tras la gran montaña, que espectáculo, el descanso llega para todos, mientras las tímidas estrellas y la luna velan nuestros sueños, a ellas van los deseos de vivir en paz.
Esta mañana una inmensa nube de humo lo cubre todo, se hace difícil respirar, ya se escuchan los gritos de mis hermanos y el chisporroteo de las llamas al contacto de la ramas, todos los habitantes del bosque emprenden el éxodo a otro lugar donde no los alcance el fuego devorador: en este momento desearía tener piernas, y marchar a otra colina donde pueda respirar, sentir libertad.
A trescientos metros de mi se abre una boca hambrienta, devoradora, lo va aniquilando todo, no le importan las edades, puedo ver el panorama desolador, me estremezco porque esa misma suerte voy a correr yo, no puedo contener el llanto que se desliza por mi corteza.
Ya puedo sentir el calor insoportable del fuego, estoy de pie mirando al cielo y a mí alrededor, un hidroavión sobrevuela el lugar donde me encuentro, ya es tarde, el fuego me ha alcanzado me siento mal herido, el agua no es suficiente aunque me calma, todo a mi alrededor es desolador miles de hermanos calcinados, aniquilados por el egoísmo y la maldad, de algunos desalmados que sienten placer haciendo daño.
Aun me mantengo en pie por poco tiempo, el fuego esta secando mi sabia, es el momento de la agonía, todo se va paralizando, la vida se me escapa, ya no la puedo dar PORQUE TÚ ME LA HAS MATADO.
Tere Garcia |