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Pocos escritos son capaces de transportarnos con pocas palabras tan lejos como los cuentos.Tal vez necesitemos de vez en cuando un niño cerca para poder contarle un cuento y así sacar la inocencia que siempre hemos llevado dentro y que por estupidez decidimos desterrar de nosotros en un momento de nuestra vida. Pero, tranquilos, en el fondo la inocencia nunca nos abandona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



EL ABECEDARIO DE LOS DESEOS

 

Nalú estaba contemplando el mar desde su montaña preferida, le encantaba ese lugar, porque podía dialogar con la brisa y el mar, de lo más profundo que había, tanto en su interior como en lo que le rodeaba, todo era paz, armonía, sentía el equilibrio, todo era uno, incluso él.

No podía entender como era tan difícil el dialogo entre las personas,  ¡incluso como podía haber quien dijera que Dios no hablaba, que era mudo o sordo, cuando Nalú cada día se comunicaba con él a través de todo lo que le rodeaba. Se sentía inquieto y decidió ir a consultar todo esto con el gran pinzapo que estaba muy cerca de allí, de un salto se puso en pie y con paso decidido y acelerado se acerco al gran pinzapo, ya podía ver su gran tronco y sus verdes ramas, se acerco a él y le dio un gran abrazo, el pinzapo le dijo: “Hola Nalú, te estaba esperando, siéntate a mi lado  y cuéntame todo lo que te preocupa”.

Nalú comenzó diciéndole: “Amigo pinzapo no entiendo cómo si todos utilizamos las mismas palabras y hablamos el mismo lenguaje, nos cuesta tanto entendernos”. El pinzapo dio un gran suspiro y dijo: “Es verdad, que difícil, te contare algo que sucedió hace muchas lunas”.

“Un día un hombre paseaba por la playa, se hablaba mucho de él, la gente decía que era diferente, porque hablaba con Dios, entendía a la gente, al mar, a los árboles, en general, tenía armonía con el universo, porque él en el fondo se sentía que pertenecía a todo. No era un sabio, ni un hechicero, pero hablaba y utilizaba palabras que llenaban el corazón de todo el que lo escuchaba. Muchos les decían: ¿Dónde vives?, y él con una sonrisa respondía: “Venid y lo Veréis”, no le hacía falta más palabras. Se hizo un gran número de seguidores, y cuando uno pensaba en una letra, los demás ya habían formado una palabra, que después la comunicaban y la enseñaban a los demás. Si uno pensaba en la “A” los demás formaban la palabra “AMOR” y así con todas las letras.

No hacían falta muchas palabras porque estaban en el corazón de todos  y eran sus deseos de paz, amor, esperanza, acogida… Nalú interrumpió al pinzapo y le dijo: “¡Entonces quieres decir que en el corazón de cada persona están todos esos deseos, de paz y amor, pero a lo mejor necesitan que alguien comience cada palabra!. Su cara se ilumino, le dio un abrazo y un beso a su amigo pinzapo y empezó a decir letras a todo el que se encontraba y afloraban sus deseos de paz, amor, esperanza, y a  Nalú se unió mucha gente y entre todos iniciaron un abecedario de deseos que se hacían realidad. ¡Venid y Veréis!

     
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