PADRE MÉNDEZ

Padre de los Pobres

Cartas

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Mari Carmen García
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Queridas Hijas: Sed santas, santificad a las demás; ved bien la alta misión a que habéis sido llamadas por Dios y no degeneráis de la dignidad a que por su misericordia os llamó, trabajad, orad, arded en celo por salvar las almas y recordad siempre que vuestro Instituto se diferencia como el amanecer al medio día de todos los demás. Si, Dios os llamó, Dios os trajo de pueblos distantes, Dios os arrancó, pero sin violencia, como el pastor lleva al corderillo enseñándole un puñado de fresca hierva: Dios, digo, os sacó de los brazos de vuestras buenas y queridas madres para hacer lo que hasta entonces no se había hecho. Y es que Dios os ha traído y ha fundado en su iglesia el Instituto Trinitario para que a semejanza del cielo cuyas puertas siempre están abiertas para el pecador que contrito llega a ellas, así en la tierra hubiera una, siempre abierta, entendedlo bien, una puerta siempre abierta para la jovencita que del vicio quiere salir y para la que de él quiere preservarse.

         Dios os puso a vosotras para que sepan que siempre, a cualquier hora, que sean jovencitas o tengan más edad, que sean agraciadas o de rostro repulsivo, hay unas religiosas, mejor dicho, hay unas madres que con los brazos abiertos las reciben. Y no temáis, cada pobrecita que recibáis os trae a Cristo y Cristo no abandona a los suyos

         Adelante pues Hijitas mías, y no ceséis de trabajar, con vuestro corazón en el cielo, con vuestras manos en las labores.

                                               (Carta XXXIX)

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