Querida hija: Hoy hace 19 años que por la misericordia infinita de Dios empezó a existir una Obra concebida desde toda la eternidad en la mente de Dios y reservada para nuestros días y para nosotros. Adoremos, pues a Dios y démosle gracias porque entre tantos millones de criaturas, de muchísimo más talento, de muchísima más virtud, nos quiso elegir para tan alto destino, para misión tan importante como es salvar almas, y para tan extraordinaria gloria en el Cielo, si fielmente cumplimos nuestro deber.
Hace 18 años nada existía. Es decir nada existía que se viera; pero como antes decía, ya existía esta Obra tal como ahora es y mucho más grande y desarrollada en la mente de Dios y existía también desde más de 7 años ya, en la mente de una pobre criatura a quien Dios destinó para darla empuje como el muchacho da empuje a la piedra desde la cima de la montaña a fin de que emprenda la carrera.
Desde aquella fecha han ido pasando los años y con ellos mi vida y mi energía ¿Y qué encuentro? La Obra ha crecido, gracias al Señor y hace tiempo que estáis en ella trabajando.
Querida hija, el motivo que hoy me ha movido a escribirte, no es otro sino instarte, con San Pablo, a que mires bien la excelsa vocación a la que has sido llamada y con temor santo de perderla, y con el mismo cuidado que tiene el que lleva un licor precioso en frágil vaso de vidrio, correspondas a la gracia del Señor y hagas cierta tu vocación y elección.
(Carta XI)
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