"Levantad vuestros ojos al cielo y mirad a Dios que, en su inmensa grandeza, os ha elegido para un destino tan grande. Y si al ver aquella grandeza os asustáis, no hagáis caso del miedo, que es del maligno que os quiere acobardar. No, no temáis. ¡Mirad la grandeza de nuestro Dios! Contempladle y sumergiros confiadamente en su inmensidad...
Cuando alcéis la voz a Dios, tened la completa seguridad de que le agradáis. Habladle, no tengáis miedo. Si os sentís ignorantes, Él es la infinita sabiduría; si vosotros sois pobres, Él es la riqueza; si tenéis faltas, él es la santidad. ¡Y él es nuestro Padre, y nuestro Redentos, y nuestro Maestro interior. Y como Él es quien os ha llamado, tened la completa seguridad de que os va a escuchar, y a dar lo que necesetáis. Y no soy yo quien lo digo: lo dice el Señor: Pedid, dice, pedid y recibiréis...".