Querida Hija
Lo primero que se me ocurre es felicitarla por todos los beneficios que Dios ha dispensado a nuestro amado Instituto en el pasado año y por los beneficios que a cada uno ha concedido y de los que debemos dar múltiples gracias a Dios.
Dios pide de cada uno de nosotros para el nuevo año, que por su misericordia infinita, estamos empezando, que seamos almas interiores, almas de espíritu, pero verdaderamente dadas a Dios, que todo lo hagamos por Dios y como Dios lo quiere.
Pues, bien, para lograr esto es condición indispensable que pensemos en Dios y hablemos de Dios.
Pero no solo esto, es necesario que demos siempre el buen ejemplo que debemos dar allí donde nos encontremos. Somos como la luz que está sobre el candelero para alumbrar y Servir de guía a todos y esto requiere que nuestra modestia sea grande y demos testimonio de buenas obras.
(Cartas Familiares, Carta LXXXVI)
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