EL FRUTO DE UN UNCUENTRO
Cuando el P. Méndez se decide contar a Mariana la inspiración recibida en los Ejercicios Espirituales de 1876, ha orado antes mucho y discernido a solas con Dios, el alcance del Proyecto que quiere llevar a cabo.
Francisco está convencido que Dios le llama y le elige para dar inicio e impulsar una Obra necesaria en la Iglesia y en la sociedad de su tiempo (finales del siglo XIX). Su acción pastoral en la parroquia de la Encarnación y las calles de Madrid que recorre a diario, le muestran la situación en que viven muchas jóvenes para ganarse la vida: vendedoras de periódicos y baratijas, adolescentes muchas de ellas sin escolarizar, que han de lanzarse a la aventura, expuestas a miles de peligros y dificultades.
Francisco se siente llamado a dar una respuesta a esta situación y para ello quiere llevar a cabo la fundación de una Institución que acoja y eduque a estas jóvenes. Esta idea le bulle en la cabeza y sobre todo en el corazón. Pero siente que no puede lanzarse él solo a tan arriesgada empresa.

Cuando Mariana le visita para que la oriente en sus dudas porque quiere consagrarse a Dios y no encuentra el lugar adecuado que responda a sus inquietudes, Francisco ve en ella, a través de lo que le manifiesta, que puede ser ella la persona que Dios pone en su camino para llevar a cabo la inspiración.
Aquel día en que Francisco, a solas con Dios, haciendo la oración sobre el Reino de Cristo siente la llamada especial para hacer una nueva entrega de su persona al Señor, marca su vida sacerdotal y no ceja en su empeño hasta lograr hacerla realidad.
Mariana, por su parte, siente que el amor de Dios la lleva también a entregarse del todo a Él. Y a pesar de las contradicciones y dificultades que encuentra en el camino, al exponerla el P. Méndez su proyecto, siente que “ un velo se la descorre ” y ve con claridad que esto es lo que Dios quiere para ella: “Yo tomaré parte en esa Fundación ” es la respuesta que le sale del corazón y disipa todas sus dudas... Comprendí perfectamente lo que el Señor quería de mí desde aquel afortunado momento. Bien podemos decir que llegó la hora en que el Señor uniera los sentimientos y deseos”.
“Ubi caritas et amor Deus ibi est”. El amor de Dios se ha derramado en el corazón de Francisco y Mariana. Ahora se sienten llamados los dos para hacer realidad un PROYECTO que Dios ha inspirado a Francisco y que Mariana acoge como llamada del Señor para ella, por mediación de Francisco.
 El fruto de este amor de Dios llevado hasta las últimas consecuencias, es para ellos hacer realidad lo que sienten en su corazón como deseo de Dios. El 2 de febrero de 1885 dan inicio a una Obra que llevará por nombre Hermanas de la Santísima Trinidad (HH. Trinitarias), que continuarán en el tiempo el deseo de Dios inspirado a estos dos grandes Siervos de Dios.
Hoy celebramos con gozo el fruto de este encuentro .
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