SAN FRANCISCO DE ASÍS

 

ONOMÁSTICA DEL PADRE MÉNDEZ

 

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Era otoño, tiempo propicio para retomar la vida de cada día, tomarla en nuestras propias manos y ofrecerla ¿A quien podremos darla sino es a AQUEL de quien procede y a quien vamos?

Las conversaciones con los demás, la vida de los otros ¿no serán ocasiones de gracia para nosotros?

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Para escuchar la voz de Dios, quien nos llama personalmente, en cualquier circunstancia, a cualquier hora...

En la Providencia de Dios esa fue la ocasión de su llamada al sacerdocio. ¿Nos damos cuenta de las ocasiones de gracia en las que el Señor nos llama a seguirlo más de cerca?

 

La ocasión de una llamada

Francisco de Asís Méndez, sacerdote y fundador de Hermanas Trinitarias, en el otoño de 1868, cuando ya tenía dieciocho años, un día cualquiera, justamente el 30 de septiembre y unos días antes de celebrar su santo el 4 de octubre, San Francisco de Asís, paseando con un amigo por los jardines del Retiro en Madrid, sintió la llamada de Dios para ser sacerdote.

        El amigo estudiaba para ser cura, pero tenía miedo, no se sentía con fuerza suficiente para seguir adelante. Porque la situación política –con una revolución en marcha- no era lo mejor para ser sacerdote. Así que, dejaría los estudios eclesiásticos y se matricularía, al empezar el curso, en la facultad de medicina.

        Aquella fue para Francisco la ocasión. La ocasión de la llamada. La ocasión de la gracia. Cuenta él mismo, que “Sin saber por qué sentí en mi corazón una voz y una decisión especial”. Y se decidió a dejar los estudios que estaba cursando, lo que más le gustaba, las matemáticas y la física y la mecánica, para empezar en cuanto terminara el bachillerato, los estudios para su formación hacia el sacerdocio.

        Quiso ocupar el lugar de uno que abandonaba su vocación. Se decidió a suplir a otro. Pero la vocación era directamente para él, pues el Señor le llamaba por esa ocasión. Era la ocasión de su llamada.

        Las conversaciones con los demás, la vida de los otros ¿no serán ocasiones de gracia para nosotros? Para escuchar la voz de Dios, quien nos llama personalmente. Para hacer incluso lo que otros no hacen, para responder a Dios por quienes evitan la respuesta.

En la Providencia de Dios esa fue la ocasión de su llamada al sacerdocio. ¿Nos damos cuenta de las ocasiones de gracia en las que el Señor nos llama a seguirlo más de cerca?

 

 

CARTA AL PADRE MÉNDEZ // -VIDA DEL PADRE MÉNDEZ //

"PADRE DE LOS POBRES" // ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN

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Francisco de Asís Méndez Casariego, el “Padre de los pobres”, nació un 21 de Junio, en 1850, en el seno de una familia socialmente distinguida, rodeado de todos los honores y ventajas propios de la alta sociedad. Sabemos bien que las condiciones económicas, sociales y políticas suelen determinar el futuro de las personas. Pero Francisco es un ejemplo de que es posible superar cualquier circunstancia y encontrar en la propia vida la libertad de Dios, que truncan el determinismo y hace libres a quienes tienen la Gracia de saber a vivir de la fe. Hoy contemplamos su vida como un itinerario que le conduce hacia la plenitud en el amor, que alcanza su máxima expresión en la donación sin condiciones a los últimos de este mundo.

    Se cuenta cómo ya desde niño manifestaba una profunda sensibilidad y sentimientos solidarios, realizando hazañas tan extrañas a su entorno como inocentes y candorosas. Llegó con un burro a su casa porque se lo encontró solo en la calle y le daba pena que durmiera a la intemperie, abandonado; Francisco vivía con su distinguida familia en un piso céntrico de Madrid. Otro día cambió sus nuevos y preciosos zapatos de charol por otros viejos de un niño pobre que se encontró al venir de la escuela. Siendo ya grande era a las muchachas y golfillos de la calle a quienes iba a llevar a su casa para devolverles la dignidad que la miseria y la injusticia les había robado. Esta especial sensibilidad no le apartaba de ser un niño muy normal, en inocencia, travesuras, juegos y sueños. Pero sus inclinaciones altruistas se van definiendo con llamativa decisión.

    A los catorce años ingresa en “los Luises”, congregación Mariana fundada por el jesuita san Luís Gonzaga. Aquí comienza a desarrollar la alta calidad humana y los talentos espirituales con que Dios lo había agraciado. A los 20 años, como presidente de la congregación mariana, dirige unas elocuentes palabras a los demás jóvenes. Este discurso bien puede servir como mensaje nuclear para la juventud de todos los tiempos; pero de una forma explícita a jóvenes cristianos de hoy, quienes en tiempos difíciles, necesitan el aliento y ánimo de hombres y mujeres decididos a dar testimonio firme de su fe, esperanza y amor, públicamente, sin reparar en el qué dirán, y sin dejarse por el miedo propio de ir contracorriente. “Seamos un doble testimonio a Dios y a los hombres de que todavía arde la caridad en los pechos de los que empezamos a correr las sendas de la vida. Como cristianos tenemos la obligación de observar una conducta vivida del todo conforme a la religión del crucificado sin avergonzarnos de nuestra fe. En la vida social que nos vemos obligado a tener, debemos obrar de modo que al vernos todos puedan comprender lo que es Cristo”.

    El camino que conduce a la Felicidad, para el Padre Méndez, es sólo uno: Jesucristo, y tiene un nombre universal, incuestionable. Este nombre es El Amor. Pero el Amor no es una palabra, sino una forma de vida: se trata de vivir en favor de los más desfavorecidos, hasta levantarlos de donde se les ha recluido y ponerlos a la altura de la dignidad de Jesús, que se identifica totalmente con los últimos de la sociedad.

UN JOVEN SOLIDARIO