1de Abril - Aniversario de su muerte

 
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El Padre Méndez, "padre de los pobres", murió como vivió: entregando su último aliento por aquel que que fue su Maestro, su Amigo del alma, su eterno Dueño: JESUCRISTO. Y lo amó en los últimos, en aquellos que otros ignoraban; y los amó en sus prójimos, el hombre que vendía flores en la esquina de su casa, y en la mujer que perdida su inocencia era despreciada y maltratada; y lo amó en los más débiles, los y las jóvenes que no saben donde van y se venden a cualquier impostor por una pizca de felicidad.

Habiendo amado hasta el extremo a los que Dios le fue confiando a lo largo de su vida, acudió a la última llamada del Padre. Era el 1 de Abril de 1924, a las 13:45 horas, en Madrid, en su Hogar, y Hogar de sus pobres, "Porta Coeli". El nombre lo escogió porque este era el fin de su Misión: abrir en la tierra puertas para que entren todos los que quieran. El Reino de la Felicidad, no cierra nunca sus puertas. Y así como en el Cielo la puerta está siempre abierta, así estuvo siempre abierta la puerta de su casa. La "Puerta del Cielo", como predicó con sus palabras, con sus obras y con su vida, sin duda estaba abierta para él, pues así lo creyó y esperó, así lo predicó y practicó a lo largo de toda su vida.

TESTAMENTO

PADRE DE LOS POBRES

SU VIDA Y SU OBRA

 

 

  

"El siervo de Dios contaba 74 años cuando le sobrevino la última enfermedad, que debió ser una hemorragia originada por el frío, porque solía salir por las noches, y esto era en marzo, a recoger a los muchachos que estuviesen refugiados en los portales" (Antonio Martín).


 

CARTA AL PADRE

Luci Tejón

 

 

Mi querido padre:

       Acercarme hoy a ti en el aniversario de tu muerte es acercarme a tu vida. Y acercarme a tu vida es acercarme al amor, el que predicaste y el que practicaste.

       En todo lo que se de ti apareces como un hombre enamorado de Dios y apasionado por su Reino, incansable, lleno de fuerza, confiado en que nada es imposible para el que ama.

       Se que toda tu vida fue manifestación del amor predilecto del mismo Dios por la juventud más necesitada. Amor confiado al que te llevó la valentía de vivir en la humildad de reconocer y aceptar el amor arriesgado e incondicional de Dios al hombre. Tú veías este germen divino en cada ser, en cada joven abandonado e indefenso. Y creíste en el Amor, y creíste en los amados, en su poder y en sus posibilidades.

       Padre: también hoy a muchos jóvenes les cuesta creer que Dios los ama incondicionalmente. ¡Qué bien supiste tú entender esto en los jóvenes de tu tiempo! Tuviste la osadía de darles el amor del que tú te alimentabas, sin límites, sin fronteras, de manera incondicional, en Alianza con Dios, y así: sin fecha de caducidad, pasara lo que pasara, porque así lo recibías tú de Dios. Por eso aquellos, a los que te acercabas a curar sus heridas, pudieron creerte y experimentar el amor predilecto de Dios por ellos. No era una falacia para conquistarlos; simplemente les diste todo tu ser que latía al ritmo del amor de Dios.

       Querido padre: el recuerdo de tu vida hoy, me invita a fijarme en tu humildad para reconocer y aceptar fielmente la incondicionalidad del amor de Dios en la mía y, como tú, pueda yo verlo y creerlo en los jóvenes y copiar de tu osadía para  ayudarlos a descubrirlo.

       Escuchando cada día tu consejo: “¿qué me diría hoy el Padre?”, con mucho cariño te envía un abrazo tu hija:

Luci