Queridos padres:
Hoy es el aniversario de un hecho que os unió para siempre, y me llena de emoción el imaginar qué sentirían vuestros corazones en aquel momento.
Tú, padre, llevabas años buscando “tu media naranja”, esa persona que estaba destinada por Dios a compartir tu proyecto de vida.
También tú, madre, buscabas, por tu camino, el lugar donde reposar tu corazón y encontrar sosiego el amor que te quemaba dentro.
Es demasiado grandioso para poder imaginarme el momento en que vuestros corazones se manifestaban sus sentimientos. Quizás os dio la sensación de estar recibiendo una bocanada de aire fresco; o de pensar que definitivamente no estabais locos; que era posible; que había alguien con los mismos sentimientos y de que nada os frenaría en vuestra “locura”.
El amor que os unía era el amor de Dios por la juventud que nace indefensa frente a la vida.
Al terminar vuestra conversación, quizás vuestros corazones jóvenes seguían latiendo con fuerza y, respirando hondo, pensárais: “por fin”. Pero era sólo el comienzo. El comienzo del camino de la manifestación del Amor de Dios hacia los más débiles y necesitados.
De vosotros y de ese amor hemos nacido, y con vosotros hemos crecido vuestras hijas las Trinitarias. Ojala la sonrisa aflore a vuestros labios cada vez que nos encontramos con vosotros.
Os envío desde aquí mi cariño y agradecimiento por vuestra historia de amor con ÉL.
Vuestra hija Luci
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