10 de Enero de 2008
Mis queridos Padres Francisco y Mariana:
Aún resuena en nuestro corazón la alegría y los ecos de la Navidad, y al acercarme hoy a vosotros en este nuevo aniversario "la hora en que el Señor unió vuestros sentimientos y vuestros deseos”, vuelvo la mirada nuevamente a Belén y lo encuentro allí: Todo Amor.
Me conmueve vuestra actitud ante tal acontecimiento. Actitud de la que más adelante nos haríais partícipes y que ahora nos recordáis con frecuencia en vuestros escritos: EL SILENCIO. Silencio sereno que envuelve todo el Misterio del Amor. Silencio que da luz a los ojos, paso al asombro, a la admiración, a la acogida, a la escucha. Silencio necesario para poder besar y dejarse besar, para amar y dejarse amar.
Dios os había ido preparando para este encuentro con Él, y para la unión de vuestros sentimientos y deseos. Esta unión estaba destinada a llevar a cabo la misión que Él os encomendaba, la misma que traía al mundo su Hijo recién nacido.
También vuestro feliz encuentro ocurrió en el SILENCIO, en lo escondido, en lo oculto a los ojos del mundo. Y allí mismo se iniciaba la misión: acoger, escuchar, admirar. Para después, desde el encuentro en el silencio, abrazar a todos cuantos encontrabais en el camino e indicarles el que les llevaría al único Encuentro que lleva a la Verdad y cambia la vida: eal abrazo, el beso de Dios.
Con agradecimiento por vuestra vida fiel al beso de Dios: vuestra hija. Luci
Os quiere vuestra hija. Luci.
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