1 de Abril de 2007
Mi querido Padre:
El testimonio de tu vida nos deja siempre mensajes nuevos e insospechados al acercarnos a ti.
En esta noche, cuando a mi alrededor todo es silencio y calma en el descanso del día, puedo sentir los sonidos que viven en el silencio y en la oscuridad como en su preciosa morada. Puedo percibirlos con la claridad suficiente para sorprenderme al encontrarme con ellos y no haber descubierto su presencia en las horas de la algarabía de la vida.
Quisiera esta noche permanecer despierta y en vela. Y quisiera, ¡cómo no!, que tú me acompañaras. Tú, que seguramente tantas noches de tu vida y de la vida de otros acariciaste el silencio soñando sueños y proyectos, cuidando vidas, salvando almas, rompiendo cadenas. Tú, para quien la noche era considerada como lugar privilegiado de salvación, y te lanzaste a vivirla con intensidad. Tú, que a ejemplo de Cristo ante la proximidad de su muerte por Amor, le abriste de par en par las puertas a la noche para que se fundiera en un abrazo con la Vida.
Me pregunto, querido Padre, si nosotras, entregadas a tu misma causa, seguidoras de tu proyecto de amor, siendo mujeres llamadas también a vivir y abrazar la noche y encontrando en ella el privilegio y el don de la salvación y la libertad, somos, como lo fueron las primeras Trinitarias, mujeres peligrosas para una sociedad guiada por valores que esclavizan y degradan.
Acepta, Padre, guiarme en esta noche al abrazo con el día que ya vislumbro más allá de las montañas.
Tu hija. Luci.
CARTAS 2007 ANIVERSARIOS 2007
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