HISTORIAS VIVAS:
TESTIGO DEL AMOR
Un joven cristiano, de familia bien situada socialmente (su padre era pintor de Cámara del Rey y tenía para él proyectos acordes con su estatus social) es hoy testigo del Amor de Dios activo en la historia nuestra. Las expectativas que tienen sus padres escapan a los proyectos que Dios tiene para él. Su familia le prepara un futuro prometedor, pero él está comprometido con otras causas. Participa en actividades sociales con enfermos y pobres. Ocultamente, sin saberlo sus padres, se alista en la Asociación de la doctrina cristiana o Hermandad de san Felipe Neri. Su campo de acción se centra en los hospitales y en las cárceles. Aquí se prestan los servicios más delicados y humildes: lavar a los enfermos, cortarles las uñas, servirles los alimentos, darles ropas, consolarlos, hablarles de Dios y prepararlos para confesar y comulgar. Sus tardes libres las pasa aquí; en estas acciones humanitarias emplea lo que sus padres le dan para sus caprichos y para el teatro, afición preferida de los señores Méndez.
Es líder indiscutible del grupo cristiano “los Luises”, y como tal habla así a sus compañeros: “Vivamos del todo conforme a la religión del crucificado, venzamos el poco de resistencia que cuesta el acercarnos a los pobres de bienes materiales. Venzámoslo, porque así lo ha dicho Jesucristo: lo que hiciereis con estos pequeñuelos conmigo lo hacéis”. Su firme decisión por Jesucristo y su causa, le empuja a partir para las misiones, pero la oposición familiar es tan fuerte, que tiene que aplazar su decisión.
Paralizado el proyecto de hacerse misionero, su vida se orienta en torno a las expectativas que para él tienen sus padres, ser ingeniero, hasta que una experiencia puntual y decisiva le revela el cambio radical en la orientación que va a dar a su vida.
El joven Francisco se siente muy preocupado por las situaciones políticas y sociales que amenazan a la religión. La revolución triunfa y los acontecimientos políticos amenazan la seguridad de muchos. Estamos en 1868; el día 30 de septiembre todos los periódicos narran la historia del levantamiento. El miedo paraliza muchos proyectos de futuro. Los periódicos informan de las bajas (más de cuatrocientos muertos) en el ataque del puente de Alcolea. Doña Isabel de Borbón y toda su familia tienen que huir a Francia. Las circunstancias sociales, críticas para España y para la Iglesia, afectan profundamente a la familia de Francisco, muy cercana a la familia real; sus padres sienten el peligro cuando la monarquía ha sido derrotada. Nadie hubiera pensado que en estas críticas circunstancias Dios le iba a hablar.
Dios le habla en los pobres y marginados, a través de los últimos
Sensible ya por temperamento a los pobres y más débiles, comienza a sentir especial compasión ante los sufrimientos y situaciones de los que peor condición padecen. Francisco fue educado en un ambiente privilegiado; esto le lleva a observar la gran desigualdad entre unas personas y otras, y no le es indiferente. Siendo sacerdote es enviado a una Iglesia que pertenece a un alto rango social: la Iglesia de la Encarnación, que era entonces parroquia del palacio real. También allí tiene que encontrarse con la paradoja de un mundo desigual, injusto y lleno de esclavitudes que están enmascaradas. Los contrastes que generan un mundo tan desigual, le hieren como a un Padre le duele las injusticias y desigualdades que padecen unos hijos respecto a otros
A través de la parroquia se encuentra con las jóvenes que, abandonadas a su suerte, han caído en redes de explotación, esclavitud, marginación y diferentes degradaciones. Estas situaciones tocan su corazón y desde ellas se acercan cada vez más al Dios sufriente, desde el que mira la realidad que le circunda con ojos nuevos. En esta realidad, a través de los rostros doloridos, de tantas vidas rotas, de estas historias humilladas, escucha la voz de Dios que le llama a abrir una puerta de esperanza.
Es Dios mismo quien despierta en él el deseo de emprender un nuevo camino de evangelio, del cual nacerá el instituto religioso de las Hermanas Trinitarias. Este impulso interior se va fraguando en su corazón, que se va moldeando al ritmo de Dios: “Hace seis años que Dios me inspira hacer una fundación donde, sin condición alguna, puedan ser acogidas todas aquellas jóvenes que sufren, víctimas de sus extravíos”.
Dios le habla directamente
La inspiración, de la que surge la nueva fundación, tiene un lugar y una fecha muy precisa. Estaba haciendo ejercicios espirituales, cuando tenía 26 años, en la Iglesia de la Encarnación, de cuya parroquia ministerial era coadjutor. Era el día 14 de Julio de 1876: “Bien recuerdo aquel dichoso día”. El padre Méndez no puede olvidar ni el día ni la hora ni el lugar, pues Dios toca directamente su corazón, inspirándole la dirección definitiva que ha de tomar su vida, sus obras, y todos sus desvelos. Es el comienzo en la tierra de un proyecto que Dios tenía en su mente desde toda la eternidad, y él ha sido elegido para encarnarlo en al historia.
Él tiene conciencia clara de que la nueva fundación no lo pertenece ni es fruto de su propio trabajo, sino obra exclusiva de Dios. Su papel consistirá en ser mero instrumento del Espíritu para dar empuje al proyecto divino.
“Hace diecinueve años que, por la misericordia infinita de Dios, empezó a existir una obra concebida desde toda la eternidad por su providencia y reservada para nuestros días y para nosotros… Hace dieciocho años nada existía, es decir, nada existía que se viera, pero como antes decía, ya existía esta obra tal como ahora es, y mucho más grande y desarrollada, en la mente de Dios, y existía también, desde más de siete años, en la mente de una pobre criatura a quien Dios destinó para darle empuje”.
El día 1 de Abril de 1924, Francisco de Asís Méndez Casariego pasó de este mundo al Padre, entregando su vida entera al Señor, a quien amó sin condiciones en los pobres, las mujeres necesitadas, los últimos de la ciudad.
Como Jesús, sin excluir a nadie, sentía una opción preferencial por los más necesitados y abatidos. Dios le mostró su rostro en las jóvenes humilladas y en los golfillos que pululaban por las calles de Madrid, saliéndoles al encuentro como el Buen Pastor para mostrarles el Evangelio de Jesús y anunciarles la Buena noticia de que están llamados a entrar en el Reino de la Bienaventuranza, en la Libertad de los hijos de Dios.Toda su vida la dedicó a anunciar con obras y palabras, la Buena Noticia de Jesús: la Felicidad y la Libertad para sus hijos los más pequeños. Sus últimas palabras fueron para "los golfillos", a quienes quería con toda el alma y le acompañaron hasta el último instante de su vida.Este es el testamento que deja a sus hijas trinitarias:
"No pidáis nunca nada, sino cumplir en todo la voluntad de Dios. Si alguien os ofende, perdonadle sin demora".
ARCHIVOS Documentos sobre el Padre Méndez