Los primeros tres días de la Semana Santa se llevó a cabo la pre-pascua juvenil en Satélite. El Objetivo era prepararnos con un grupo de Jóvenes para vivir la Pascua de Jesús, experiencia fundamental de la vida cristiana.
En el proceso de fe, y proceso vocacional, que llevan adelante muchas de nuestras jóvenes con las que trabajamos en Guatemala, son importantes los tiempos de Retiro y seguir avanzando en el Camino de fe y vida que cada una lleva. En estos días el objetivo era hacerlo a la luz de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Nos prestaron una casa donde pudimos realizar todas nuestras actividades. Nosotras acondicionamos la casa, llevando nuestro material para vivir la pascua con las jóvenes y no tener que estar saliendo. Estuvimos las tres Hermanas: Juanita, Ana Maria y Lety. Preparamos y organizamos todo previamente al encuentro, y lo hicimos con mucha ilusión. Nos ayudábamos las tres, y queríamos hacerlo muy dinámico, ya que eran jóvenes con quienes íbamos a compartir. Teníamos preparados cantos y juegos que ayudaran a comprender el sentido de cada momento. Después cada una tenía su momento de estar a solas con las jóvenes.
Para realizar las comida de los tres días contamos con el apoyo de Doña Vicky, laica trinitaria, que con gusto aceptó ayudarnos. Las dos nos encargamos directamente de las comidas y refacciones.
Ya en la Bienvenida, inaugurando el Encuentro muy formalmente, con el corte de listón que lo realizó nuestra hermana Juanita y una joven llamada Mónica, se sentía el entusiasmo que todas teníamos para compartir la vida y fe desde el sentido de la Pasciua de Jesús. Cantamos, bailamos... Nos presentamos, realizamos algunas dinámicas de integración, y sobre todo explicamos lo que es la PASCUA, y el objetivo de estos días de preapración.
Pudimos compartir todas lo que cada una ESPERABA desde el momento que cada una vive, expresado muy bellamente en la dinámica del muñeco de plasticina ( plastilina ).
Uno de los temas centrales fue el de la Misericordia de Dios, que tratamos profundizando en la realidad del pecado, personalizando la experiencia del“Regreso del hijo Prodigo”, y culminando con la Celebración del perdón ante la cruz. Reconociendo que somos personas limitadas, que caemos en actitudes que dañan a las personas que más queremos, nos encontramos con que Jesús nos ama. Por eso se entregó por nosotras. Pude darme cuenta del deseo de cada joven por cambiar. y cómo muchas veces el ambiente que las rodea las envuelve, sino tienen a alguien que las oriente.
Desde el sentido de la pascua judía, llegamos a la Pascua de Jesús. Algo totalmente nuevo sucede en la historia, y queda preciosamente explicado en los mismos textos que durante estos días la Iglesia nos ofrece y que son una verdadera "escuela de amor". El lavatorio de pies, que personalizamos en cada una, lavándonos los pies unas a otras, fue una experiencia muy fuerte; ellas pensaban que solo el sacerdote lo podía hacer y a personas especiales. La enseñanza del Evangelio es para todas, y así lo vivieron las jóvenes: tenemos que ser humildes y sencillas con los demás, empezando por los que tenemos más cerca. Compartieron que en la vida uno pone resistencias para cambiar o ser mejor, para amar sin condiciones.
Entre celebraciones, dinámicas y compartir, tuvimos momentos de contemplación y meditación, a través de algunas películas (vimos la Pasión de Cristo y la Resurrección de Jesús. ) rezamos el rosario de pésame meditado, y un viacrucis, y momentos personales de encuentro con el Señor. Experiencias reales de muerte y de vida que nos encontramos en nuestra vida nos ayudaron a valorar más y más la vida que Dios nos ha dado y cómo el cuidarla depende también de nosotras mismas.
Para dar por terminado el Retiro de Preparacioón para la Pascua, se impusieron a las jóvenes unas crucecitas de madera; se les dieron sus cartas que sus familias les habían escrito (esas cartas se las pedimos con anticipación y para ellas fue motivo de alegrìa, pues habían jóvenes que nunca sus padres les habían escrito cosas bonitas donde las animaban y que las esperaban con mucho cariño en sus hogares).
Me sentí muy contenta, desde que empezamos a organizar el Encuentro, pues dos días antes habíamos ido a limpiar la casa, la acondicionamos para realizar nuestras actividades, fuimos ayudadas por los laicos trinitarios a llevar las mesas, sillas, estufas, colchonetas para dormir, etc. Habían sido días de desvelo, de mucho trabajo y cansancio, pero no lo sentíamos. El entusiasmo, y el deseo de que todo saliera lo mejor que se pudiera nos impedía pensar en ello.
La verdad es que en ningún momento nos sentimos solas. Le doy gracias a Dios porque nos echó mucho la mano, desde que el dueño de la casa nos la prestó sin cobrarnos ningún quetzal, hasta el grupo de laicos de Madre de Redentor que tanto nos ayudó a conseguir parte de las comidas y de las refacciones, todo fue llevado de la mano de Dios.
Contamos con la colaboración del padre Alejandro, de los misioneros de Guadalupe, capellanes de las hermanas en Tlalpan, de México. Quería visitarnos, pues llegó a la casa a comer con nosotras y nos acompañó. Fué de una gran ayuda para poder celebrar el Sacramento de la Reconciliación. Él, quiere mucho nuestra misión y a las hermanas. Estaba muy contento y no se le veía con ganas de marcharse.
Para mi el trabajar con la juventud es algo que me fascina, me emociona, me motiva, y me entusiasma. Por eso agradezco la confianza que Él ha tenido conmigo para encomendarme esta hermosa misión.