Pasión de Libertad. Memorias de Mariana Allsopp es un sencillo ejemplo de la búsqueda del sentido de la propia vida y del desarrollo de ese sentido una vez vislumbrado. Es una historia en la que encontramos las claves que pueden orientamos para iniciar ese viaje, personal e intransferible, que nos puede llevar al tesoro que buscamos. Mariana nos invita a hacemos conscientes de la propia historia, que nos ha sido dada, y a emprender una historia nueva, en la que debemos ser protagonistas activos, capaces de superar las barreras que desde fuera se nos imponen, para llevar a su plenitud ese germen de vida que se nos dio ya en el seno materno.
 

Tras un apasionante viaje por la historia de su vida, y haber com­prendido las claves de la libertad necesaria para tomar cualquier de­cisión, se le concede a Mariana la visión del tesoro que, desde hacía tanto tiempo, estaba buscando. Sin vacilar, siente en su corazón que ha de tomar una firme decisión para el resto de su vida. Se inicia así un periodo completamente nuevo, en el que pruebas inesperadas la llevan a comprender que la libertad que ansía no depende de sí misma. El encuentro con la fragilidad humana, la incertidumbre, el miedo y hasta el fracaso de las propias fuerzas, la llevan a expe­rimentar que el único apoyo seguro está en la confianza absoluta, hasta el abandono de las propias convicciones, en quien descubre habitando en su corazón.

Mariana Allsopp González Manrique, nació el 24 de Noviembre de 1854 en Tepic, México. Allí vivió su primera infancia en el seno de una familia feliz. Pero la inesperada muerte de su madre cambió el escenario de su vida: su padre  envía a sus cinco hijos a España, dejándolos al cuidado de la abuela materna. En Madrid recibe una educación exquisita, permaneciendo diez años en el Real Colegio de Santa Isabel.

Su familia mantiene estrecha relación con la familia real. Vive de cerca el derrocamiento de la Reina Isabel II, el frustrado matrimonio de su amiga la infanta Isabel, y las convulsiones políticas de aquellos agitados años del siglo XIX. Pero lo que toca su corazón son las convulsiones sociales: las desigualdades entre unos y otros, la precaria situación de los emigrantes, y la inseguridad en que vivían las niñas y niños, jóvenes y mujeres de la calle. La opresión que padecen las personas más indefensas, choca con el pequeño mundo burgués que a ella protege y condiciona.

En el año 1876 se celebra una fiesta en Palacio para  presentarla socialmente; en aquella fiesta, en la que es pretendida y agasajada, descubre un gran vacío en su corazón y una pasión que pone en crisis los cimientos en los que se apoya su vida. Una crisis que vive en silencio hasta que en 1882 conoce a don Francisco. De la mano del joven sacerdote va a iniciar un viaje apasionante que cambiará el rumbo de su vida.

En 1885, junto a otras cinco jóvenes, inicia un camino completamente nuevo. La pasión de su corazón se convertirá en camino de liberación para muchos. En medio de persecuciones y grandes luchas, se va perfilando una “parábola del cielo”, las Hermanas trinitarias, que abre nuevos horizontes para mucha gente que vivía de espaldas a la luz y que, de la mano de Mariana, comienzan a vislumbrar caminos de esperanza.

En 1925 su pasión llega a la tierra que la vio nacer. Y el 15 de marzo de 1933, muere en Madrid, dejándonos en su testamento una Carta de ruta para todos los que, movidos por la pasión de libertad que late en el corazón humano, buscan caminos de luz.