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En el Magníficat se proclama la nueva historia, en la que Dios cambia el orden de las cosas, los humildes son ensalzados y los poderosos derribados de sus tronos.


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Porque eres mujer quieres SER quien eres y no ambicionas más; porque eres mujer sientes un eterno impulso a dar y multiplicar la vida que llevas dentro, porque eres mujer creas y recreas mil maneras de dar a luz la savia eterna que a ti se te regala. En silencio, sin ruido, sin propagandas, sin apuestas. Por ser mujer.

Tú sacrificas tu vida por dar al mundo Vida; tú sabes amar sin pedir cuentas ni pasar facturas; tú miras, comprendes, susurras y sueñas. Por ser mujer contagias dignidad e impregnas de valor nuestra espera.

En silencio reclamas el lugar que en la historia a las mujeres corresponde, dignificando nuestros derechos, despertando pasión, sembrando valentía sacando corazón. Comprendes lo que es ser mujer y estás en las entrañas de la mujer que está sola, en aquella que siente, llora, ríe o protesta, en la que aplaude y patalea, en la que lucha por ser quien es y está cansada de ser sierva. Porque tú, por ser mujer, anuncias y denuncias, animas y consuelas. Porque eres mujer sueñas y prometes, te fías, cumples y esperas, sabes y callas: Eres mujer libre y tu dignidad nos libera.

Porque sabes compartir y repartir, y aún te queda; porque sabes cuando tienes que ser Madre, cuando Señora, cuando amiga y cuando maestra. Y siempre eres hermana, compañera, confidente y centinela.

Eres mujer de la noche y del día, del sol y de la luna, de la brisa suave y de la tormenta. Porque ves en la oscuridad y no te ciega el resplandor, porque sabes de locura y de cordura, de paz y de revolución. Y sabes decirlo todo, mujer, sin palabras, sin alboroto, sin escándalo, sin violencia.

Nadie, Mujer, puede arrebatarte el gran poder de tu entereza, ni apagar la calidez de tu grandeza. Nadie puede despojarte de la fuerza de tu silencio, ni acallar el poder de tu palabra sosegada.

Tu sola presencia derriba de su trono al engreimiento, y lo haces, mujer, sin escudos que te protejan, deshaciendo las corazas de tantas y tantas torpezas, sin armas.

Porque eres mujer tú ganas siempre, sin que se note, sin reivindicar la victoria, sin exaltaciones ni alborotos que provoquen impaciencias. No te hace falta gritar, no necesitas tronos ni estatuas; no te hacen falta abogados, no necesitas promesas, no te exaltan amenazas. Porque eres LA MUJER , y eso basta.