Una persona que personifique la humildad
hará el esfuerzo de escuchar y de aceptar
a los demás.
Cuanto más acepte a los demás,
más se tendrá a esa persona
en gran estima y más se la escuchará.
Una palabra dicha con humildad
tiene el significado
de mil palabras.
La humildad se encuentra en un vasto océano de aguas tranquilas que fluyen en la profundidad. En lo profundo yace la autoestima. Al principio, adentrarse en el océano es como viajar a una zona desconocida de inmensa oscuridad. Pero, así como explorar puede llevar a descubrir tesoros enterrados, en la búsqueda del mundo interior se pueden encontrar joyas enterradas en las profundidades de uno mismo. Y la joya que está enterrada en lo más profundo, la que más brilla y más luz da es la humildad. Sus rayos penetran en los momentos más oscuros. Elimina el miedo, la inseguridad y abre a la persona a las verdades universales.
(Autor desconocido)
Soy humilde cuando reconozco que no soy ni peor ni mejor de lo que soy. Ser humilde no es desvalorizarme o fingir no ser nada; es, simplemente ser quien soy, sin añadir ni quitar nada, me guste o no me guste. Es necesaria mucha humildad para hablar con naturalidad de las propias cualidades, así como para revelar a los demás mis aspectos menos brillantes. De este modo, no muestro una imagen, sino mi personalidad real, y puedo ir poco a poco creciendo en autenticidad. Cuando no soy veraz conmigo mismo estoy construyendo mi vida al margen de mi realidad, es decir me estoy poniendo máscaras, y esto es completamente opuesto a la humildad, que es la aceptación de la verdad. Cuando soy humilde reconozco quien soy, me reconozco a mí misma, cuando soy humilde acepto mi ser .
Si lo deseas puedes escribirme:
ESTE ESPACIO trata de responder a la búsqueda personal de felicidad, frecuentemente truncada...