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¡RESUCITÓ!
La entrega de Jesús no acaba con la muerte, la entrega de su vida es una parte más de ella, pero no todo acabó ahí, después de su muerte continua dándose, entregándose, volviendo a los suyos.
Toda experiencia humana de muerte supone la desaparición de la relación física con la persona que
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se va, quedándonos únicamente el recuerdo operativo del ser amado que sigue influyendo en nosotros y que nos lleva a gestos como hacer aquello que le gustaba hacer, ir a donde le gustaba ir, no hacer aquello que no le gustaba que hiciéramos… solo esto y su huella en nosotros, es decir, lo que nos aportó y hoy forma parte de nuestro ser, es lo único que nos queda, y todo ello acompañado de la tristeza que supone la ausencia.
Esto fue lo único que les quedó a los discípulos después de la muerte de Jesús, los de Emaús lo expresan claramente, y también podemos entresacar este sentimiento en los demás discípulos contemplando cada una de las apariciones.
Todos ellos experimentan la vivencia humana de la muerte de Jesús, pero Él no era un hombre más, era Dios, el Amor hasta el extremo que no acaba nunca, por eso vuelve a los suyos, haciéndoles ver que el amor verdadero vencerá toda muerte. |