Merche Rueda Martínez

Crónica de una experiencia inolvidable

         Del 7 al 10 de Julio

        ¡Y llegó el gran día! Después de una noche inquieta y de últimos preparativos,  amaneció el 7 de julio, iniciando el día con el rezo de Laudes y la celebración de la Eucaristía, a la cual dimos un sentido de acción de gracias por la nueva experiencia que íbamos a emprender y donde las tres hermanas que nos dirigíamos a la sierra recibimos la imposición de una cruz como símbolo del envío en nombre de la comunidad.

         Al salir de misa, fuimos a desayunar y después cargamos todo el equipaje en la camioneta, nos despedimos de las hermanas y en torno a las 11h. de la mañana salimos en dirección a la sierra de Oaxaca, hasta Cuicatlan, donde tomaríamos el camión que nos llevaría hasta San Pedro Sochiapan.

         En este viaje nos acompañó Don Adalberto, que fue manejando hasta Cuica. Viaje que lleno de ilusiones, lo pasamos pensando en lo que nos ibamos a encontrar y qué haríamos allá en la sierra.

         Aproximadamente a las 6h. de la tarde llegamos a Cuicatlan, al lugar donde salían los camiones para subir a la sierra y allí estuvimos paseando y esperando hasta las 3h. de la mañana que salió el camión a San Pedro, donde nos encontramos con el Padre Alfredo (Misionero Comboniano), al cual no conocíamos ninguna. Al llegar a San Pedro, a las 8h. de la mañana, nos bajamos del camión y descargamos el equipaje, dejándolo todo en una de las habitaciones de la casa de los misioneros. Después desayunamos con el Padre Alfredo y al terminar nos fuimos a descansar hasta la hora de la comida, ya que la noche anterior la pasamos de viaje y estábamos cansadas. Después comimos con el Padre y luego nos reunimos con él para programar un poco  nuestra estancia en Zautla, ver qué podíamos hacer, qué era necesario, etc. y luego nos fuimos a pasear por el pueblo hasta la hora de la Eucaristía, a las 8h. de la tarde. Una vez finalizada la Eucaristía, cenamos todos juntos y luego nos fuimos a descansar. En un principio Alicia dormiría en la habitación del Padre César, en el primer piso, y Elvia y Merche en otra habitación situada en la parte baja de la casa, pero como había mucha humedad abajo, decidimos dormir las tres juntas en la amplia cama de matrimonio que había en la habitación del Padre Cesar.

         El día 9 de julio, amaneció con un sol espléndido, desayunamos y después salimos hacia Cuicatlan, ya que el Padre Alfredo no tenía gasolina para llegar hasta Zautla y después seguir hasta  Cuica, donde tenía que ir a recoger unos papeles, así que salimos todos a las 9'30h. de San Pedro y llegamos a Cuica a las 2'30 h, donde mientras el Padre arreglaba sus cosas, nosotras fuimos a llamar por teléfono y hacer   unas   compras.   Después   comimos   unas   tortas   y   salimos  a  las  4 h aproximadamente hacia Zautla.

         El camino, fue largo, el sol era abrasador. Alicia y Merche viajaban en la cabina del camión con el Padre y Elvia iba detrás con las dos muchachas que atienden a los padres. Hacía mucho calor y los caminos estaban muy mal, el camión tenía que atravesar trozos con mucho barro, ríos y todo el camino fuimos bordeando voladeros (precipicios) cada vez más altos.

         Por fin, a las 9'30h. de la noche llegamos a Zautla y aunque no nos esperaban, en seguida, el comité de la Iglesia, los niños y algunas mujeres, salieron a recibirnos y nos ayudaron a descargar el equipaje y meterlo en la casita. Una vez estuvo todo dentro se fue el Padre y alrededor de las 10'30h. de la noche se fueron todos los demás y nos quedamos solas. La casa estaba sucísima, teníamos equipaje por todas partes, pero decidimos que lo mejor era limpiar la habitación donde ibamos a dormir y al día siguiente ya arreglaríamos lo demás, así que sacamos los catres de los cuales solo pudimos utilizar uno ya que los otros dos estaban rotos, limpiamos bien la habitación y después con dos bancas y seis tablas hicimos una cama donde dormían Elvia y Merche , dejando el catre bueno para Alicia.

        Del 10 al 14 de Julio

         Al día siguiente nos levantamos temprano, rezamos y después de desayunar nos pusimos a arreglar la casa. Estando las tres en la habitación, Merche salió de la casa a tender ropa, y al ponerla sobre la cuerda, se dio cuenta que sobre la pared, bajo el filo de la lámina del tejado, había una culebra, así que entro en casa y les dijo a Alicia y Elvia: “hermanas, tengo que decirles algo que no les va a gustar nada, tenemos una culebra en el filo de la pared”, Alicia se acercó a la pared desde dentro de la habitación y pudo ver la serpiente enroscada entre la pared y la viga del techo, se veía perfectamente, ya que las paredes no están cerradas por arriba y la culebra estaba dentro de la habitación. En un principio no sabíamos qué hacer y aprovechando que pasaba un muchacho por la puerta le pedimos que nos ayudara y dandole con un palo conseguimos que cayera hacia fuera, con tan mala suerte que casi les cae encima a Alicia y Elvia que en ese momento habían salido de la casa para no perder de vista al animal.  Después, continuamos nuestro trabajo, lo limpiamos todo, pusimos estanterías en las paredes, cuadros de los Padres Fundadores y de la Trinidad, y poco a poco a lo largo del día fuimos dándole un toque de orden y limpieza a la casa, resultando finalmente un hogar acogedor.

         Ya al atardecer, vinieron a buscarnos para que fuésemos a casa de una familia, donde hacía un año que había muerto un muchacho (del cual después nos enteramos que lo había matado su propio cuñado) y querían que rezásemos por él. Cuando regresamos, fuimos a la Iglesia a rezar vísperas junto con algunas personas que nos acompañaron y después volvimos a la casa a cenar, pero antes de preparar nada, quisimos llevar unos troncos de leña que estaban amontonados en una esquina de la casa, a la cocina, y nos encontramos con la sorpresa de que debajo había un nido de ratones que empezaron a correr por todas partes. Por suerte en ese momento había algunas jóvenes con nosotras y con los mismos troncos nos pusimos todas a matarlos, aunque algunos se nos escaparon. Después cenamos y nos fuimos a descansar.

         Al día siguiente, nos reunimos las tres para organizarnos, leímos el programa para la experiencia de inserción previsto para este verano, señalamos algunas propuestas, y decidimos visitar las familias por la mañana los lunes, miércoles y viernes, dejando el martes y el jueves para la oración y evaluación comunitarias. Por las tardes, Elvia llevaría el grupo de costuras, Alicia la catequesis de los niños y la lotería y Merche el grupo de jóvenes, y los fines de semana, los reservaríamos un poco para el encuentro comunitario y las labores de casa.

         Ese mismo día, después de la reunión, nos fuimos a comer a casa de Lucía, donde esperando para comer llegó Alma que venía de San Pedro para pasar unos días con nosotras.

         Del 14 al 22 de Julio

         El sábado día 14, comimos en casa de Doña Paula y el domingo, tuvimos una celebración de la Palabra a la cual asistió mucha gente del pueblo. Aquel día nos invitaron a comer Mauro y Rosa que habían matado un cerdo y después por la tarde pusimos una película en la Iglesia para todo el pueblo.

         Cada nuevo día estaba lleno de sorpresas, las cuales vivíamos con ilusión y entusiasmo, los niños eran nuestros acompañantes en todo momento, siempre estaban con nosotras en la casa y allá a donde ibamos, incluso teníamos algunos consentidos como Lalo de cinco años y Julián de ocho, que despertaban nuestro sentimiento maternal y nos inspiraban mucha ternura.

         El día 16 lo pasamos pendientes de que saliera algún camión para Cuicatlan, ya que Alma tenía que regresar a Puebla donde estaba de vacaciones con su familia, pero aquel día no salió ninguno y tubo que esperar hasta el día siguiente para irse en el camión del café que era el único que podía tomar para salir de Zautla en aquellos días.

         Los días iban pasando, cada vez conocíamos a más gente en las visitas domiciliares, las familias nos acogían con mucho cariño, hablábamos con ellas y siempre nos daban alguna cosa. Era emocionante el ver como siendo tan pobres te daban lo poco que tenían sin importarles quedarse sin nada. La verdad es que más que acoger, éramos nosotras las acogidas.

         El día 18 en nuestra salida por la mañana a las visitas, llegamos hasta la casa de Paula, la mujer de Carlos, el Diácono y nos dijo que fuéramos a comer al día siguiente, pero cuando llegamos, no encontramos a nadie en la casa, cosa que nos extrañó, solo estaba el más pequeño de sus hijos, de 4 años, jugando cerca de la casa, pero todo estaba cerrado. Le preguntamos al niño, pero no conseguimos que nos dijera una palabra, así que después de esperar un rato regresamos a nuestra casa a comer. Al otro día, estando con la comida ya preparada, llegó uno de los hijos de Paula y nos dijo que nos esperaban para comer, al parecer había habido un mal entendido, así que dejamos nuestra comida y nos fuimos a comer el mapache que nos habían preparado, que la verdad estaba muy sabroso.

         Del 22 al 24 de Julio

         El domingo día 22, comenzamos la mañana con la celebración de la Eucaristía, presidida por el Padre Cesar que llegó esa misma mañana desde San Pedro. A la salida, la hermana de Mercedes, nos dijo que nos esperaban en su casa para desayunar, así que después de despedir al Padre, salimos hacia su casa, donde nos ofrecieron caldo de pollo y agua de limón, y después una taza de café. Ese mismo día, nos habían invitado a comer María y Alberto, una pareja muy joven que tenía un niño chiquito y estaba esperando a su segundo bebé, el cual nació estando nosotras allí. Por la tarde, fuimos a casa de Josefina, que nos había pedido que fuéramos a bendecir su casa y después de hacer una pequeña oración y rociarla con agua bendita, regresamos a nuestra casa.

         Esa misma tarde, estando en casa de Josefina, tuvimos una experiencia muy tierna. Lalo, el hijo de Mauro y Rosa, nos había dicho en una ocasión que él mismo lavaba su ropa, pero nosotras no le creímos porque siempre inventaba cosas y decía mentiras; pero aquella tarde, se acercó a nosotras y al preguntarle qué hacía, nos dijo que venía de lavar su ropa, así que Alicia le dijo que quería ver donde la había tendido para comprobar si era cierto. Lalo le dijo que la tenía en una cuerda cerca de su casa, y como la casa quedaba cerca fueron a verlo, pero al llegar, Alicia le dijo que no había nada en la cuerda, así que Lalo se adelantó y le dijo: “sí madrecita, mira esta aquí en el suelo, es que el aire lo ha tirado”, y ciertamente allí estaba su ropita recién lavada.

         En aquellos días, hablamos con el comité de la Iglesia, para que nos consiguiera tres bestias con la intención de ir a Teponapa, que era el pueblo más cercano que tenía teléfono, para que Alicia pudiera hablar con la doctora Mª Luisa, y confirmar si podría ir hasta San Pedro un fin de semana; pero todo eran problemas, los del comité nos decían que no podían conseguir tantas bestias, que por qué no iba una y las otras se quedaban, pero nosotras no queríamos dejar a una sola, y además nos dábamos cuenta que el problema no era el número de bestias, sino que veían a Merche tan grande que pensaban que la bestia no iba a poder con ella, así que al final decidimos que Alicia se iría sola en el camión hasta Cuicatlan,  pasaría allí la tarde y regresaría en el camión de las 3 de la mañana.

         El día 23 de julio por la mañana, salió Alicia hacia Cuica en uno de los camiones del pueblo, llamó a la doctora y después pasó la tarde allí esperando a que saliera el camión de las 3 de la mañana para regresar. Cuando llegó el camión de México a las 2'30, Alicia andaba por allí preparada para salir hacia Zautla, cuando se encontró a Luci y a su hermana Araceli, que venían en el camión de México a pasar unos días con nosotras, así que se acercó a ellas, les dio las buenas noches y la bienvenida y ellas a penas la reconocieron, ya que era de noche y Alicia llevaba puesto su impermeable porque estaba lloviendo. La verdad es que fue una suerte que se encontraran, ya que Luci y Araceli no sabían que había camiones directos a Zautla y estaban dispuestas a ir a San Pedro, lo que hubiese supuesto un día más de viaje y que tuvieran que buscar a alguien para que las llevara de San Pedro a Zautla.

         Del 24 al 29 de Julio

         El día 24, Elvia y Merche, después de haber pasado la noche, las dos solas en la casita, se levantaron y se encontraron con la sorpresa de que Alicia venía con Luci y Araceli, cosa que les dio mucha alegría ya que por unos días la comunidad se vería aumentada.

         Durante la estancia de Luci y Araceli, puesto que eramos muchas para ir juntas a la visita a las casas, decidimos separarnos, de esta manera podríamos visitar más casas y tener una visión más completa del pueblo. Así que, desde el día  25, Elvia, Luci y Araceli, se dedicaron a visitar las familias que quedaban a la derecha de nuestra casa y Alicia y Merche visitaron las de la izquierda.

         En estos días, concretamente el 26 de julio, no sabemos el motivo, pero la cuestión es que se fue la luz y no volvió en varios días, con lo cual, tuvimos la oportunidad de integrarnos aún más, con aquellos que todavía no podían disfrutar de ésta en sus casas, y experimentar, aunque solo fuera por 6 días, la carencia de algo que para nosotras es casi impensable vivir sin ello, y que desgraciadamente para mucha gente en el mundo, es prácticamente una utopía el poder conseguirlo.

         Ese mismo fin de semana, el Padre César nos había dicho que vendría el domingo a celebrar, así que el comité se encargó de comprar unos pollos, para comer después de la celebración. El sábado por la noche el presidente, el secretario y el tesorero, vinieron a traernos los pollos, que Susana, la mujer de Jenaro, el presidente, había matado y desplumado. Cuando los vimos, pensamos que sería demasiada comida, porque habían comprado tres, y aunque la vez anterior el Padre vino con otras cuatro personas, no sabíamos si ahora vendrían o no, así que les propusimos a los del comité que si sobraba mucha comida, organizaríamos una cena para ellos y sus esposas, invitando también al catequista, Demetrio.

         Del 29 al 30 de Julio

         El domingo 29 por la mañana, empezamos en seguida a preparar el caldo, y como había tanto pollo, decidimos hacer la mitad de caldo rojo y la otra mitad de caldo blanco. A las 12 h. celebramos la Eucaristía, presidida por el Padre César, y después fuimos a comer, pero esta vez el Padre vino solo, con lo cual sobró mucho caldo, tanto de uno como de otro, así que hablamos con el comité y concretamos la hora para que vinieran a cenar. La única condición que les poníamos es que tenían que traer a sus esposas, sino no habría invitación.

         Para nosotras era muy importante el que las mujeres pudieran disfrutar de una cena fuera de casa, que como además seguíamos sin luz, sería a la luz de las velas. La verdad es que nos hacía más ilusión prepararlo todo a nosotras que a ellos mismos disfrutarlo. Nos pasamos toda la tarde haciendo adornos para la sala, preparando  candelabros con flores de papel y elaborando unos ramilletes de flores que daríamos como obsequio a cada una de las señoras. Después lo colocamos todo en la mesa, de manera que cada pareja quedase sentada en medio de dos hermanas, para evitar que los hombres se pusieran juntos y dejaran a las mujeres a un lado.

         A penas estuvo todo listo, apareció el primer invitado. Corriendo encendimos los candelabros de la mesa y los de la pared que alumbraban el cartel de bienvenida y abrimos la puerta. Era el catequista con su esposa, Demetrio y Ángela que venía con su hijo de dos años. Al entrar, nos dijeron que habían visto en la puerta a los del comité, pero que no se decidían a entrar porque no traían a sus esposas. Por fin, llamaron a la puerta y salimos a abrir, pero no les dejamos entrar, les dijimos que si no traían a sus esposas no habría cena. Ellos se resistían, decían que ya se habían acostado y que tenían que estar con los niños, pero después de mucha discusión, conseguimos que fueran a buscarlas.

         Conforme iban llegando, los ibamos colocando en la mesa y una vez hubieron llegado todos, servimos el caldo y empezamos a cenar. Era hermoso contemplar la emoción y sorpresa que se reflejaba en el rostro de las mujeres, las cuales llenas de timidez y a la vez nuevas en este acontecimiento, no sabían como actuar. De poste, abrimos unas latas de melocotón en almíbar y después pusimos café con unas galletitas.

         Cuando terminamos de cenar, después de esperar un rato a que pasara la lluvia, los matrimonios se fueron despidiendo y en torno a las 11 h. nos quedamos solas, recogimos todo y nos fuimos a la cama llenas de felicidad, recordando cada una de las escenas que habíamos vivido a lo largo del día.

        Del 30 de Julio al 1 de Agosto

         El lunes 30, continuamos con nuestras visitas domiciliarias y comimos en casa de Maximina y Leti, que nos prepararon un sabroso arroz con frijoles, acompañado de aguacate de manteca, que habían traído porque a Elvia le gustaba mucho, convirtiendose ésta desde entonces, en la consentida de Maximina. Fue una comida muy agradable, ya que los paisajes desde allí son preciosos y comimos fuera de la casa. Ya terminando de comer, empezó a llover, así que nos despedimos y partimos hacia casa para que no nos pillara el agua, pero fue inútil, no habíamos hecho más que salir de su casa cuando empezó a lloviznar, y una vez que llegamos a la carretera, se desató el aguacero, lo que hizo que a pesar de ir corriendo, llegáramos a casa empapadas.

         En esos días, Elvia, Luci y Araceli, en la visita a las familias, se habían encontrado con una señora de 90 años que al parecer se había caído y tenía un brazo en cabestrillo con unas hierbas liadas para el dolor. Las hermanas hablaron con su hija y le dijeron que la llevara a nuestra casa, para ver que es lo que tenía y darle algo que pudiera calmarle el dolor. Al día siguiente, la señora y su hija llegaron a casa, y cuando Luci y Merche le destaparon el brazo, enseguida se dieron cuenta de que estaba roto por el antebrazo y que había que llevarla a un médico para que la escayolasen. No obstante, sabíamos que aquello iba a ser imposible, así que con una tablilla de madera y un poco de venda, se lo inmovilizaron y le inyectaron un voltarén para el dolor, diciéndoles que si le seguía doliendo volvieran al día siguiente. Y así fue, al día siguiente volvieron la madre y la hija, para ponerse otra inyección y en agradecimiento nos regalaron un pollo, leña, plátanos, tortillas y chayotes.

         El pollo era pequeño y la intención de la señora era que lo engordáramos, pero como no teníamos con qué y era un desastre como lo ponía todo dentro la habitación donde estaba, decidimos matarlo aunque tuviera poca carne. Y así hicimos, el día 31, desde muy temprano pusimos una olla de agua a hervir y saliendo fuera de la casa, lo degollamos, después de desangrarlo lo metimos en el agua hirviendo y lo desplumamos. Una vez desplumado, Luci, nos fue diciendo como se destripaba y cuando terminamos, entre todas, de limpiarlo, Elvia se encargó de preparar un sabroso caldo, el cual compartimos con nuestro amigo Lalo, que aunque llegó tarde a la carne, nos hizo pasar un rato muy agradable. Esa misma tarde, alrededor de las 6 h. y después de 6 días de alumbrarnos a base de velas, volvió la luz, cosa que alegró mucho a todo el pueblo.

        Del 1 al 6 de Agosto

         El día 1 de agosto, al salir de la Iglesia por la mañana, nos encontramos con Teódulo, esposo de Oliveria, que venía a buscarnos para que fuésemos a su casa a desayunar. Así que dejando los libros de rezar en la casa, nos fuimos a tomar unos deliciosos frijoles con manteca y café, que Oliveria había preparado. Después salimos a nuestras visitas y al regresar, Teódulo nos esperaba ya para que fuéramos también a comer con ellos un rico caldo de pollo.

         Al día siguiente, fue Dña. Alvina la que nos invitó a desayunar, una señora mayor, viuda, que vive sola desde hace mucho tiempo, con la única compañía de una niña de 10 años que la ayuda en las tareas de casa. Ese mismo día después de pasar toda la mañana pendientes de los camiones del pueblo que van a Cuicatlan, nos despedimos de Luci y Araceli, que finalmente tuvieron que irse en el camión de la conasupo, que es una pequeña tienda que hay en el pueblo.

         Después de esto, Alicia, tubo que irse a México para asistir a una reunión de superioras y al consejo, así que el día 3 partió hacia Cuica, quedandose Elvia y Merche a la espera de su regreso. Durante los 4 días que Alicia estuvo fuera, las hermanas que se quedaron en Zautla continuaron con la misión.

         El sábado 4 de agosto, Elvia y Merche junto con un muchacho del grupo de jóvenes, Ismael, fueron a Teponapa a llamar por teléfono, salieron de Zautla en las bestias a las 8'45 h. de la mañana, llegaron a Tepo a las 11'45 h., llamaron y a las 12'15 h. regresaron a Zautla para llegar a las 3'30 h. El camino fue agotador, pero mereció la pena por tantas maravillas naturales como pudimos contemplar ese día: cascadas, montañas, senderos rodeados de vegetación, ríos que tuvimos que atravesar... ¡Una maravilla! donde, cara a cara, nos encontrábamos con el rostro amoroso de Dios Padre, en cada obra de su creación.

         El domingo, celebramos la Eucaristía con el Padre César, donde al final, el comité de festejos presentó el balance de gastos sobre las fiestas del pueblo y después el comité de la Iglesia pidió apoyo al pueblo para buscar solución a la situación que vivían, ya que sólo tres de los nombrados para el comité, estaban respondiendo a sus obligaciones. Esa misma tarde, las hermanas convocaron a los ancianos para reunirse con ellos, pero no vinieron.

        Del 6 alo 8 de Agosto

         Al amanecer del día 6 de agosto, estando todavía acostadas y habiéndose ido ya Maximina y Leti, que durante esos días en que Alicia no estaba dormían en casa con nosotras, llamaron a la puerta insistentemente, y abriendo Elvia, se encontró con Dn. Emilio, padre de Carlos el diácono, que venía a invitarnos a desayunar, pero como aún estábamos en la cama, ya que eran las 7 de la mañana, le dijimos que iríamos a comer.  Una vez nos levantamos, rezamos y desayunamos, salimos como de costumbre a nuestras visitas, durante las cuales, conocimos a Rosa Mª, una niña de 14 años que hacía un año había sido robada por el que ahora es su marido. Al parecer, la cogió en un camino cuando ella iba a por leña y después de violarla se la llevó. Desde entonces vive con él y tienen ya un niño de 8 meses. En nuestro diálogo con ella, nos contó que no le quería, aunque a pesar de que tenía que tener relaciones con él, éste la trataba bien y cuidaba de ella. Esta historia nos marcó de tal manera, que le pedimos que nos dejara hacerle una foto, para hacer posible que llegase hasta todas vosotras, la imagen que tanto nos impactó y que fue para nosotras un verdadero grito de dolor, al cual nosotras, como trinitarias, estamos obligadas a responder.

         Ese mismo día, después de hacer algunas visitas más, nos dirigimos a casa de Dn. Emilio y Dña. Francisca, los padres de Carlos, para comer con ellos.

         Al comenzar el nuevo día, estando todavía acostadas, llegó Alicia de México. Corriendo, salimos a recibirla, quedando reunida de nuevo la comunidad de Zautla. Ese día, aunque era martes, no tuvimos oración comunitaria, ya que Alicia llegó cansada de toda la noche de viaje y descansó toda la mañana. A partir de este día y hasta el final de la experiencia, volvimos a hacer la visita domiciliar las tres juntas.

        Del 8 al 15 de Agosto

         El miércoles día 8, dedicamos la mañana a visitar algunas familias y por la tarde nos reunimos con la comisión de pastoral litúrgica, a los que invitamos a un café, donde se propuso que nos reuniéramos con todas las comisiones que había en la Iglesia, para especificar responsabilidades, ya que no sabían qué era lo que tenían que hacer y nos pedían una orientación.

         Al día siguiente, puesto que el martes no habíamos tenido oración, dedicamos la mañana al encuentro comunitario y después fuimos a comer con Ana y Octavio, el cual pertenecía al grupo de pastoral social. Esa misma tarde, Julián, nuestro consentido, nos dijo que su abuelito le había dicho que al día siguiente fuéramos a comer a su casa; y así lo hicimos, el viernes día 10, comimos con Isaías y Rosendo, abuelos de Juliancito.

         Como ya habíamos programado, en la reunión con el grupo de liturgia, el sábado por la tarde nos reunimos con todas las comisiones: comité, catequistas, pastoral litúrgica, pastoral familiar, pastoral social y sacristán y repartimos responsabilidades, para que cada uno supiera lo que tenía que hacer y hubiera una mejor organización en la Iglesia. Ese día comimos con Magdalena, del grupo de liturgia. Y continuando con las reuniones que nos habíamos propuesto desde un principio, el domingo después de la Misa, convocamos a los ancianos, con los cuales tuvimos una rica tertulia, donde nos transmitieron parte de la historia y tradición del pueblo, así como su sentir ante el desplazamiento que actualmente sufren. Reunión que terminó con una familiar comida, donde ofrecimos unos ricos chilaquiles y tortilla española.

         El lunes, fue nuestro último día de visitas, las cuales sumaron un total de 100 familias exactamente, terminando también nuestras comidas fuera de casa, con la invitación de Gonzalo y Teresa.

         Al día siguiente, dedicamos la mañana a preparar unos pequeños obsequios, para cada uno de los grupos con los que habíamos trabajado: el grupo de los niños, las señoras, los jóvenes y como no, para las esposas de los tres miembros del comité y Maximina, que en todo momento estuvieron pendientes de nosotras y de todo lo que pudiéramos necesitar. Mientras tanto el grupo de jóvenes, preparaban en la cocina la comida, para tener una convivio con nosotras, como signo de agradecimiento por nuestra labor en el pueblo. Por la tarde, llegó el Padre Cesar, para confesar a los niños y padrinos que al día siguiente iban a hacer su primera comunión y mientras él confesaba, nosotras hicimos una exposición, con todas las labores que habían hecho las jóvenes y las señoras durante nuestra estancia, la cual grabamos en vídeo para que después se pueda dar a conocer el hermoso trabajo que allí se hace.

        Del 15 al 17 de Agosto

         Y llegó nuestro último día en Zautla. El miércoles 15 de agosto, fiesta de la Virgen, nos levantamos temprano para arreglarlo todo, esa noche, el Padre Cesar, había dormido en nuestra casa para poder iniciar la Eucaristía más temprano y después llevarnos de regreso a Sochiapan . A las 12 h. de la mañana comenzó la Celebración de las primeras comuniones, fue un acontecimiento muy bonito y lleno de ilusión para aquellos que, por primera vez, iban a recibir a nuestro Señor. Al terminar, el Padre César, dio las gracias por nuestra labor y nos cedió la palabra para que, cada una de nosotras pudiera expresar al pueblo, la inmensa riqueza que a lo largo de aquellos días habíamos recibido.

         Una vez nos despedimos, con gran tristeza y húmedos los ojos de la emoción, volvimos a la casa para terminar de recoger lo que quedaba y cargandolo todo en el camión, dimos nuestro último adiós a los que allí dejábamos. Este fue un momento inolvidable para nosotras, en especial, el gesto que el pequeño Lalo tuvo  con  nosotras, el cual una a una se fue despidiendo de nosotras dándonos un beso y diciendonos que iba a rezar a “Diosito” para que volviéramos pronto.

         Cuando llegamos a San Pedro, dejamos las cosas en la habitación que habían preparado para nosotras y nos fuimos a comer. Por la tarde nos reunimos las tres, Alicia, Elvia y Merche, para hacer la evaluación de la experiencia, partiendo como base del proyecto programado para este verano y de las propuestas que hicimos en la reunión inicial, al comenzar nuestra inserción en Zautla.

         El día 16, estuvimos toda la mañana con el padre cesar, para comunicarle nuestra evaluación sobre la situación del pueblo y después nos fuimos los cuatro, a comer a casa de Celia, que nos acogió con mucho cariño. Al terminar, el Padre Cesar, nos acompañó al cerro del jubileo, desde donde pudimos contemplar nuestra añorada Zautla para decirle adiós por última vez.

         Y al amanecer del día 17, a las 8 h. de la mañana, salimos en el camión de San Pedro hacia Cuicatlán, junto con Mónica, una muchachita de Zapotitlán que llevábamos a San Ángel para estudiar. Al llegar a Cuica,  nos esperaban Lupita, Dn. Adalberto y 7 muchachas de San Ángel para irnos a Mérida.

         Ya de camino a Yucatán, paramos en Tecomavaca para saludar a Carlos, donde comimos con su familia, mientras él nos explicaba toda la historia de las matanzas y la siembra de Marihuana.