Presencia Trinitaria en Oaxaca. Proyecto de insercción
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Este proyecto de inserción, es la respuesta que la Delegación de México viene dando, desde hace algunos años, a los nuevos retos y desafíos que van interpelando a la Vida Religiosa de América Latina, a los cuales tratamos de responder desde nuestro Carisma y Misión, en una actitud de discernimiento.
El Padre Enrique Cordioli, misionero Comboniano, nos planteó la necesidad había en su parroquia, enclavada en la Sierra Chinanteca, formada en su mayoría por comunidades indígenas, de la presencia de una Congregación Religiosa que se arriesgase a dejarlo “todo” y fuera capaz de ir a trabajar en medio de ellas, en la educación y promoción de las jóvenes y mujeres indígenas, con el fin de que gradualmente se preparen para recibir e integrarse, de forma positiva y salvando sus valores culturales, a la “post-modernidad” que de forma rápida y agresiva está haciéndose presente en medio de ellas.
Como resultado de una búsqueda sincera y desde la fe y la oración, se fue concretando nuestra respuesta, en SER UNA PRESENCIA NUEVA en “otros lugares”, es este caso en una comunidad indígena, experimentando la INSERCIÓN en medio de ellas y acompañándolas en su proceso desde nuestro Carisma y Misión.
El Instituto de Hermanas Trinitarias, es fruto de la respuesta apasionada a Dios, de dos corazones llenos de Celo. Francisco y Mariana, conscientes de la realidad social en que muchas jóvenes viven, quieren “llegar donde otros Institutos con fines análogos no llegan” y salvando muchas dificultades, hacen posible el sueño que Dios tenía reservado para ellos.
Como bien refleja nuestro Documento y Plan de Pastoral de Juventud, en su apartado de Experiencia originaria e identidad, perteneciente a la Fundamentación Carismática:
“La situación social de la juventud en el tiempo de la fundación no difiere esencialmente de la realidad actual. Entonces, como ahora, muchas jóvenes no viven su dignidad de hijas de Dios porque son víctimas de un proceso acelerado que margina el desarrollo integral del ser humano. Nuestros Fundadores son interpelados por la situación de las jóvenes: están enredadas en males, miserias y pecados de una estructura social que las tiene esclavas, aprisionadas, paralizadas o poseídas, que las conduce a una degradación progresiva... Lo que ellos ven es que a Dios le duele la marginación en la que viven las jóvenes, el abandono y rechazo que padecen, y la ignorancia sobre su dignidad” .
(DPPJ pág. 31)
Si volvemos al apartado en el que describíamos la situación de la mujer en Zautla, podremos comprobar que coincide perfectamente con la realidad que aquí se nos muestra, ante la cual es evidente que “se necesita quien les anuncie la Buena Noticia del Evangelio: que Dios las creó para la vida, y pueden comenzar de nuevo”.
“Nuestra familia religiosa nace con un estilo y talante nuevos: acoger sin condiciones, tener la puerta siempre abierta, tanto de día como de noche, para facilitar el acceso a la joven que llegue huyendo del peligro” .
(DPPJ pág. 16)
¿Qué hubiera sido de las más de 10 jóvenes que actualmente viven en nuestras casas de Tlalpan y San Ángel, las cuales buscando un futuro mejor salieron de la Sierra para encontrar en México otro porvenir? Probablemente si no fuera por la confianza que los padres ponen en las hermanas, no habrían tenido oportunidad de salir de sus pueblos y tener la formación que ahora tienen. Por otra parte, aunque sus padres hubieran permitido que se fueran, es difícil que hubieran podido disfrutar del cariño y protección que ahora disponen, sabiendo que siempre hay un corazón con la puerta abierta que las espera, cuyo fuego abrasador, hace de nuestras casas un verdadero hogar para ellas.
Pero, ¿por qué desplazarnos hasta allí si desde casa podemos atenderlas? La respuesta es sencilla, si de verdad queremos ser una “respuesta profética a la realidad de la juventud”, no podemos quedarnos bajo mínimos, es necesario que volviendo a los orígenes, recuperemos lo más genuino de nuestro Carisma y haciéndolo vida, seamos una esperanza viva para la joven del futuro.
Este proceso supone: Ir a buscarlas, levantarlas y sostenerlas, acompañarlas y finalmente conducirlas hacia Dios. Y esto es precisamente lo que la Delegación de México intenta hacer realidad en medio del pueblo indígena, donde la joven y la mujer siguen siendo víctimas de la esclavitud y la marginación.
“- Ir a buscarlas conlleva estar inmersas en las situaciones de esclavitud, muy cerca de las necesidades de la juventud en cada tiempo y lugar.
- Levantar y sostener a las jóvenes que han caído, requiere la experiencia de un hogar, trabajo y formación integral; y esto requiere de las hermanas, audacia y creatividad para encontrar los medios adecuados.
- Acompañarlas en su proceso de liberación supone confianza en sus posibilidades, sintonía con su ser profundo y saber esperarlas con paciencia en su interior, donde acudirán por el camino del Amor.
- Conducirlas hacia Dios supone sentir el Amor preferente que Él les tiene y creer en su presencia en l interior de cada joven”
(DPPJ pág. 34)
Respondiendo a estas directrices, las hermanas:
- todos los años en los periodos de Navidad, Semana Santa y Verano, se desplazan hasta la Sierra para insertarse y conocer mejor la situación en que viven las jóvenes, de manera que puedan responder de forma más acertada a sus necesidades.
- ofrecen un hogar (Tlalpan o San Ángel) donde pueden además, trabajar y recibir una formación integral.
- acompañan a las jóvenes y mujeres (tanto en nuestras casas como insertas en la Sierra) volcándose totalmente sobre ellas, haciéndolas conscientes de su dignidad, apoyándolas, formándolas en la libertad, y acogiendo siempre a todas aquellas que de una u otra forma llegan hasta nosotras pidiendo una esperanza.
- tratan de llevarlas a Dios, ofreciéndoles “un recinto en la tierra donde se pueda disfrutar de la feliz presencia de Dios, y donde miles de jóvenes que antes estaban alejadas de él, puedan llegar a gozar de las delicias de la Eucaristía”, recinto que para nuestra Madre Fundadora era la mejor descripción de lo que debía ser la Misión Trinitaria.
De esta manera tratamos de dar respuesta a los Signos de los Tiempos que actualmente nos interpelan, y a los que no podemos dejar de responder, colaborando todas, cada una desde su lugar, para que la Misión Trinitaria siga extendiéndose y llegue a todos los lugares donde una joven no haya conocido el Amor de Dios.
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